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Editorial: Sajonia-Anhalt deja tocado al gobierno alemán

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La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt adquiere una dimensión que desborda ampliamente las fronteras de este pequeño «Land» oriental. Con alrededor del 44 por ciento de los votos según las proyecciones, más del doble que en 2021, la AfD ha aventajado ... en más de veinte puntos a la CDU y ha alcanzado un resultado sin precedentes en unas elecciones regionales. Queda por determinar si la aritmética parlamentaria permitirá a Ulrich Siegmund aspirar al Gobierno. Pero el veredicto de las urnas es inequívoco y frente al mensaje de campaña de que no gobernarían más que con la mayoría absoluta, los líderes vencedores ya han cambiado el discurso y sugieren que pueden negociar apoyos puntuales. La magnitud del resultado impide explicarlo como una anomalía pasajera. Sajonia-Anhalt reúne buena parte de las fracturas que siguen atravesando el este de Alemania más de tres décadas después de la reunificación: menor prosperidad que los territorios occidentales, envejecimiento consolidado, pérdida de población, dificultades industriales y una arraigada sensación de abandono. A ello se suman la inmigración, el rechazo a determinadas políticas culturales y una creciente desconfianza hacia Berlín. La AfD ha sabido convertir esos malestares distintos en una impugnación general del sistema político. Nada de ello obliga a ignorar la naturaleza de este partido. Su organización en Sajonia-Anhalt está considerada «extremista de derecha» por los servicios de protección de la Constitución y algunas de las propuestas de Siegmund, desde su ofensiva de «remigración» (deportaciones masivas) hasta sus planteamientos identitarios, justifican una severa vigilancia democrática. Los demás partidos son plenamente libres de negarse a gobernar con la AfD. Pero confundir esa libertad política con una vulneración de la voluntad popular sería desconocer las reglas de una democracia parlamentaria. Otra cuestión es creer que el llamado 'cordón sanitario' constituye por sí mismo una respuesta política viable. Hasta ahora ha impedido que la AfD gobierne; pero no puede explicar por qué crece. Y mucho menos corregir las causas de su crecimiento. Cuando alrededor del 44 por ciento de los ciudadanos vota a una formación situada fuera del consenso político tradicional, levantar combinaciones parlamentarias cada vez más complejas para excluirla puede resultar legal y legítimo, pero claramente insuficiente. El hundimiento de la CDU, el partido del canciller Merz, debería provocar una reflexión especialmente profunda. Gobernaba Sajonia-Anhalt y había obtenido el 37,1 por ciento en 2021; ahora apenas alcanza la mitad. El problema para el centro político alemán no consiste solamente en contener a la AfD, sino en recuperar a los electores que ha perdido.
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