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La ciudadanía en su conjunto vive en la indiferencia, tocada por las aguas saladas del dolor y de la muerte, en un océano de oscuridad, sin luz. Es el momento, pues, de repensar situaciones para poder rescatarnos. El verdadero latido interno será el único que nos acerque en comunión y en comunidad, para que la barca viviente no se hunda.
La corrupción y la arbitrariedad también dividen
La navegación no está en los fuertes, tampoco en los poderosos del mundo, sino en el hermanamiento y en la conjunción de ritmos curativos, lejos del dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad mundana. Son estas contiendas absurdas las que nos destrozan, dejando heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla, acrecentando el miedo, la injusticia y la división.
El camino enigmático se mueve hacia nuestro mar adentro. Es en nosotros, y no en otro lugar, donde realmente comienza a tejerse el cambio, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro.
Víctor Corcoba
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