Con las comparecencias de algunos ministros en el Congreso de los Diputados en la última semana de agosto de 2026 y los discursos de Feijóo y Sánchez, uno en un pueblo de Galicia y otro en el Congreso, la mayoría de los políticos españoles han puesto fin a las vacaciones más accidentadas de los últimos años. Estamos teniendo uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas: los incendios han quemado todo lo que había en más de 300.000 hectáreas, una superficie superior a la de Vizcaya. Para colmo de desdichas la frontera europea y española en Ceuta ha sufrido una de las mayores avalanchas de marroquís y subsaharianos. Y como guinda de infortunios, Granada ha sufrido varios terremotos de intensidad media hace solo unos días. Pese a ello el presidente del Gobierno permaneció de vacaciones en Lanzarote. La única noticia positiva es que el turismo extranjero sigue creciendo, se habla del entorno de 100 millones, y un porcentaje muy alto de españoles ha disfrutado de vacaciones. España, gracias a sus ciudadanos y empresas, sigue siendo atractiva, al margen de las luchas y controversias políticas.
Varios partidos políticos consideran que la legislatura está agotada, y uno de los socios del Gobierno, Junts, sigue condicionando su apoyo al Gobierno a que leyes y decretos leyes sean favorables a sus políticas independentistas. Sin embargo, para los nacionalistas y populistas, que llevaron a Pedro Sánchez a la Moncloa, una cosa es lo que dicen y otra distinta lo que hacen. Las encuestas no les son halagüeñas a unos y otros, por lo que bajo ningún concepto propiciarán una moción de censura a Pedro Sánchez que les impediría, a unos seguir obteniendo cesiones de competencias del Estado, y a otros seguir en cargos públicos que deben a su asociación con Pedro Sánchez, que sabe que en estas circunstancias solo depende de su voluntad adelantar o no la legislatura.
Si repasamos los finales de legislatura de los presidentes del Gobierno de la democracia la norma ha sido la anormalidad. Leopoldo Calvo Sotelo fue incapaz de enderezar la UCD, liquidó el prestigio de su partido y de su Gobierno y convocó elecciones generales anticipadas en que eludió su responsabilidad, poniendo a Landelino Lavilla en la cabeza del cartel electoral, elecciones que perdió de manera estrepitosa. La UCD de ser el partido mayoritario desapareció. Felipe González perdió la mayoría para aprobar los Presupuestos Generales de 1996 y estuvo en los últimos meses de la legislatura asediado por la corrupción y el terrorismo de Estado; su ministro del interior acabó en prisión. Convocó elecciones generales anticipadas y las perdió. José María Aznar y su Gobierno mintieron a los españoles sobre el origen del atentado del 11M, y esto al parecer fue la causa principal de que Rajoy perdiera las elecciones. José Luis Rodríguez Zapatero fue incapaz de controlar la crisis económica, tuvo que modificar la Constitución, algo innecesario e insólito, para complacer a los líderes de la Unión Europea, y el PSOE perdió las elecciones anticipadas. Mariano Rajoy, rodeado de corrupción, fue apeado de la Moncloa por la primera moción de censura que ha tenido éxito en nuestra democracia.
Pedro Sánchez resiste en la Moncloa desde 2018, gracias a sus heterogéneos socios. Gobierna sin Presupuestos Generales del Estado desde hace tres años, y no es probable que pueda aprobar unos nuevos presupuestos para 2027, salvo que complazca a Junts con nuevas concesiones de competencias exclusivas del Estado, y ha marginado a las Cortes Generales con el apoyo de sus socios, erigiéndose en legislador principal en contra de la letra y el espíritu de la Constitución. Los pleitos en materia de corrupción tienen cercado al PSOE y a su familia (secretarios de organización, esposa, hermano). Da tumbos en política exterior en la que ha perdido el apoyo de sus socios europeos al adoptar políticas contrarias al consenso europeo, como la regularización masiva de inmigrantes, y para colmo no ha sido capaz ni de evitar la avalancha que sufrió Ceuta el 30 de julio ni de afrontar de manera solvente las consecuencias de dicho acontecimiento.
La situación actual recuerda lo que sucedió en 1975 cuando el dictador Franco estaba cerca de la muerte. Fue entonces cuando Hassan II, el rey de Marruecos, viendo la debilidad del Gobierno español organizó la marcha verde. El Gobierno de Marruecos ha comprobado que el Gobierno de Pedro Sánchez, antes y después del 30 de julio, hace aguas. El Gobierno no ha sido capaz de reaccionar ni ante la avalancha ni ante los posteriores discursos de ministros marroquís reivindicando la soberanía de unas ciudades que sostienen están ocupadas por España.
Lo que debe preocuparnos no es tanto lo que ha sucedido como lo que pudiera suceder antes del fin de la legislatura. España tiene que afrontar grandes retos, unos en solitario y otros junto con nuestros socios de la Unión Europea y sin duda es el Gobierno el que debe liderar como y cuando deben afrontarse dichos retos, grandes retos internos y globales como los relativos al cambio climático, al suministro de energía, a la migración, a la seguridad, a la defensa de las fronteras europeas, a las guerras en Ucrania y Gaza o a los avances de la ultraderecha. Y no es posible afrontarlos en solitario, sino que es preciso hacerlo en el marco de la Unión Europea. Y es evidente que el Gobierno para ello debe restablecer las relaciones con los socios europeos y con sus instituciones. Y en el orden interno es igualmente necesario separar el trigo de la paja, el Gobierno debe conseguir, para afrontar y superar los retos internos, alcanzar acuerdos con el primer partido español en número de votos y de diputados y senadores. Y por su parte el Partido Popular debe ser capaz de abandonar sus posiciones radicales y comportarse como un partido de estado.
Lo que nos preocupa en estas circunstancias es si Sánchez y Feijóo serán capaces de asumir sus responsabilidades, como lideres de los partidos que representan a la inmensa mayoría de los españoles, o persistirán en seguir enfrentándose del modo en que lo hacen, en que los intereses partidarios prevalecen sobre los intereses de la inmensa mayoría de los españoles. El tiempo nos dará la respuesta.
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