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Escribir a sangre fría

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Por seis años, Truman Capote investigó el multihomicidio de la familia Clutter (Herb, Bonnie, y sus hijos Nacy y Kenyon), cometido en Kansas, en 1959. El escritor se trasladó a Holcomb, pueblo donde recabó información y testimonios suficientes. Siguió el juicio de los responsables, que culminó en abril de 1965. Así surgió 'A sangre fría'. 'No sólo conocía a las personas sobre quienes escribía, sino que las conocía mejor de lo que he conocido a nadie", declararía tras el éxito del libro. A la par, el proceso llevó a Capote a un periodo de 'oscuridad definitiva'. El alcohol, medicamentos, el bloqueo creativo, lo hundieron en una depresión de la que no se recuperó. A ello se sumó que estaba convencido de que 'A sangre fría' le garantizaría el Pulitzer y no sucedió. ¿Por qué la opinión pública revivió esta historia? Por un texto publicado por el periodista de 'El País', Pablo Ferri, sobre el crimen ocurrido el primero de septiembre en el Estado de México, que mantiene semejanzas con el asesinato de los Clutter. Me refiero a la masacre de la que fueron víctimas Jonathan Meléndez (tecladista de la banda Camilo Séptimo), su esposa Ana Paula, su hija Sofía (de tres años), Aleyda, joven que cuidaba a la niña, y hasta su mascota, Nala. El otro hijo de Meléndez sobrevivió. Ferri decidió elucubrar sobre la experiencia del niño de seis años en un texto que causó controversia porque podría rebasar los límites de lo periodístico, incentivar el morbo, forzar de forma irresponsable un estilo literario. Jirones de oportunismo La tarde del 2 de septiembre Ferri publicó la crónica 'La masacre del músico de Camilo Séptimo, su pareja embarazada y su hija de tres años sacude a México'. El autor se limita a los datos proporcionados por autoridades. Sin embargo, no le resultó suficiente porque seguían surgiendo 'cositas', palabra que usó en su cuenta de X. Por la noche, agregó el texto 'El infierno de Camilo Séptimo en Atizapán'. 'El niño, de seis años, se escondió. Se agarró a algún tipo de sabiduría ancestral, a un jirón de su escenario infantil recién desgarrado, y guardó allí sus pequeños huesos, su miedo y su espanto, un escondrijo fuera del alcance del hombre malo'. Así arranca el artículo. El tono de este segundo texto es por completo distinto al del primero, con pretensiones literarias que incomodaron e indignaron a muchos. La pieza de Pablo me remitió al reportaje que Alejandro Sánchez publicó en 'Emeequis' en 2014: 'El joven que tocaba el piano (y asesinó a su novia)'. Sandra Camacho fue agredida sexualmente y descuartizada, pero el periodista eligió dedicar su 'poético' encabezado al feminicida Javier Méndez. En el caso de Ferri, se entiende la intención de empatizar con el único sobreviviente de la masacre. La cuestión es, ¿en qué abona a un hecho por sí mismo escalofriante? Las sospechas de oportunismo son razonables. Pareciera que en el segundo texto aprovechó para alardear sus dotes como narrador. Recurrió a la ficción, a su imaginación. A excepción del desafortunado primer párrafo, el resto de su relación y análisis de los hechos adquiere una perspectiva distinta, sin tanta floritura, invita a la reflexión e incluye otros detalles que Ferri averiguó 'sobre la marcha'. Entonces, por qué situarse, como periodista, en una situación que no experimentó; por qué atribuir tales emociones a una criatura de seis años, quizá incapaz de dar un testimonio detallado. Vaya gancho para ganar lectores. ¿Nuevo periodismo? ¿Qué dijo Pablo Ferri en su defensa? '¿Cuál imaginación? Te están diciendo los boletines, (…) que el niño estaba ahí y se escondió, hecho. Que el niño estuvo ahí desde que el ataque se dio en ese lugar hasta que llegaron los primeros respondientes, (…) hecho. ¿Cuál fantasía?'. Así lo explicó en entrevista para 'Así las cosas W', con Enrique Hernández Alcázar. El locutor lo alentó diciendo: 'A todos esos que te criticaron, no lean a Truman Capote, no lean a García Márquez, (…) porque es nuevo periodismo, y el nuevo periodismo mezcla figura literaria con información'. ¿Es esto cierto? No. 'A sangre fría' de Capote inauguró el género 'non-fiction novel', un relato real que se vale de la creatividad y técnicas de la narrativa tradicional. 'Crónica de una muerte anunciada' de Gabriel García Márquez es una novela inspirada en hechos reales, que adopta el estilo periodístico (otros ejemplos: '2666' de Roberto Bolaño, y 'Las muertas' de Jorge Ibargüengoitia). Ferri no hizo la exhaustiva investigación en que se enfrascó Capote, un tipo que a pesar de su sabido egocentrismo y de haber convivido con los asesinos de los Clutter (Perry Smith y Richard Hickock), eligió la tercera persona para contar la historia. Puso distancia, desde la objetividad de los hechos lanzó la pregunta: ¿es el mal algo innato o depende de las circunstancias? Para reunir literatura y periodismo se requiere no solo de talento, sino de la capacidad para adoptar la perspectiva correcta. No hay cabida para la elucubración. Entre tanta crítica, al autor también le llovieron recomendaciones. La mía sería Fernanda Melchor. La veracruzana inicia su crónica 'Un buen elemento': 'Lo primero que uno nota del Fito es su panza. Y más si va sin camisa. Tiene un vientre descomunal y prieto surcado de cicatrices de navajazos, marcas gordas y encimadas como estrías descoloridas'. El texto narra cómo un hombre se convirtió en narco, un hombre que entrevistó, al que puede describir de primera mano, tomándose las licencias retóricas que mejor ajusten a su estilo y contribuyan al relato. Ferri carece de la maestría de los escritores con los que se le ha intentado comparar, y de los elementos para contar la historia que quiso contar. Un párrafo de desafortunada y mala prosa no define el resto de su trabajo, pero sí sus intenciones de figurar. Tiene razón en algo que apuntó en la entrevista con Hernández Alcázar: la difusión de imágenes atroces y encabezados escandalosos que abundan en medios y redes sociales, nos deshumaniza, banaliza la violencia. Pero irónicamente él intentó generar el mismo impacto, los clics, los likes, desde el otro extremo, desde una empatía que por desgracia parece forzada. Su escritura salta de lo literario a lo periodístico y cae en lo pretensioso y el oportunismo, terreno incómodo, desconcertante, innecesario. Se requiere sangre fría para lucrar con una tragedia de esta magnitud. LO SUPERFLUO: Un crimen atroz nos hizo reflexionar sobre la ética periodística. LO PROFUNDO: Romantizar y revictimizar no deberían ser estrategias para vender un artículo.
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