Me dolió. La muerte de Gina (Alejandra Ambrosi), el viernes pasado, en 'Guardián de mi vida', me dolió.
¿Por qué? Porque me había encariñado mucho con ese personaje. Uno de los más complejos de toda la historia de las telenovelas mexicanas.
Le explico: Gina era una mujer hermosa que jamás se pudo perdonar por haber cometido el error de ponerle el cuerno a su esposo Franco (Daniel Arenas).
Fíjese lo que le estoy diciendo porque va más allá de las reglas de los melodramas seriados.
Aquí no se trata de si la señora era buena o era mala. Se trata de que hizo lo que hacen muchas personas, especialmente ahora que es muy fácil ligar.
Y ella solita hundió su matrimonio, hundió a su familia.
Luego está el tema de su enfermedad. Gina tenía una enfermedad autoinmune rarísima que la tenía en riesgo permanente.
A esto, súmele su muy mala relación con la pobreza. Odiaba ser pobre, pero tampoco estaba dispuesta a hacer mucho por superarlo.
Gina era la madre adoptiva de Rex (Roberta Damián), la hija de la carnicera Candelaria (Cecilia Toussaint).
Contrariamente a lo que muchas personas sentían, a mí Gina me daba mucha lástima. Se me hacía una vida desperdiciada. ¡Pobre!
Ahora viene lo mejor: cuando Gina cree que es hija del multimillonario Aramís (Alejandro Camacho) y enloquece.
De repente se vuelve estrafalaria. De repente, malévola. Luego, cómica. Le entra la calentura.
Y al final, tras muchas secuencias de una madurez insólita para la televisión nacional, se convierte en la mejor hermana del universo. ¡Guau!
A todo lo que le acabo de decir súmele la magnífica actuación de Alejandra Ambrosi.
¡Qué manera de darle vida a un personaje que maneja tantos tonos por escena! ¡Qué manera de hacer creíble a una mujer tan llena de contradicciones!
Es una desgracia que ya no existan los premios TVyNovelas porque de ser así, aquí habría uno de color dorado.
Imagínese cómo acabó mi corazoncito la noche del viernes pasado. Descanse en paz, mi Gina adorada. Descanse en paz un gran personaje telenovelero.
Ahora viene lo mejor: el juego de gemelas. Como todo el mundo sabe, porque 'Guardián de mi vida' ya hasta acabó en Estados Unidos, a Gina la mató Andrómeda.
Pero la mató haciéndose pasar por Sofía, su hermana gemela que no sabe que tiene una hermana gemela. ¡'Sandra y Paulina' (1980) se queda estúpida ante lo que acabamos de ver en esta producción de Juan Osorio!
Porque ahora, a diferencia de la realidad de hace 46 años, tenemos 14 mil cámaras de seguridad, celulares, apps que hacen edición de video y, lo más macabro de todo, inteligencia artificial.
Esto se pone cada vez más emocionante pero, al mismo tiempo, más hermoso.
Yo tendría que ser el peor crítico del mundo si no hiciera una pausa para hablar de cómo fue manejado todo esto en términos de producción y dirección.
¿Sí notó que, en contraste con lo que estamos acostumbrados a ver en las telenovelas nacionales, lo mejor de todas estas escenas tan fuertes fue resuelto en cámara lenta y con silencios?
Nada de gritos. Nada de acordes. Nada de manotazos. ¡No! ¡Puros silencios!
Y hubo un duelo actoral entre Alejandro Camacho y Cecilia Toussaint como de cine de la época de oro:
Todo el drama fue contado, visualmente, con unos enormes acercamientos a los ojos y a las bocas.
Daba miedo ver, por ejemplo, el ojo derecho del maestro Camacho comunicando cualquier cantidad de emociones con todo lo demás desenfocado.
Daba pánico ver los labios de la enorme Cecilia, Patrimonio Cultural Vivo de la Ciudad de México, diciéndole sus verdades a ese hombre.
Aquí están pasando cosas buenas. Luche con todas sus fuerzas por ver 'Guardián de mi vida' de lunes a viernes a las 21:30 en Las Estrellas. Le va a gustar. De veras que sí.
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