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Ángel Castaños

Los tiffosi enloquecen con la remontada de Kimi Antonelli

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Hay grandes premios de Fórmula 1 para dormir y otros para conservar en la videoteca. El de este año en Monza es de los segundos. La mítica pista italiana suele facilitar por su configuración carreras en las que, tras la salida y algún eventual lío en la primera variante, se sucede una aburrida procesión de coches hasta la bandera final. Este año la tan criticada –por pilotos y aficionados– electrificación de los monoplazas ha permitido presenciar un vibrante espectáculo. Los coches de los líderes se pasaron y repasaron sin llegar nadie a abrir un gran hueco. Los ajustes de la FIA, que reducen el uso de la energía eléctrica para evitar las drásticas pérdidas de velocidad, fueron el ingrediente, pero faltaba el chef. Y el gran cocinero fue Kimi Antonelli. El joven boloñés enfrentaba la cita en casa con el hándicap de salir del fondo de la parrilla, debido a la penalización por cambio de piezas en su monoplaza. Pero eso poco importó: en la primera vuelta recuperaba rápidamente posiciones, adelantando en ocasiones rivales a pares. La carrera se vio pronto interrumpida por el accidente de Leclerc y la bandera roja marcó la estrategia de los grandes candidatos a la victoria: Russell salió con duras y no volvería a parar mientras Kimi ponía unas medias y, aprovechando un posterior virtual, cambiaba después a gomas medias frescas. A partir de ahí era cuestión de tiempo. Vuelta a vuelta el italiano fue ascendiendo posiciones, se puso a espaldas de George, tuvo su momento de drama al salirse a la tierra en la primera variante, pero finalmente llegó al liderato. Para aumentar aún más la tensión de Totto Wolf, Antonelli marcó la vuelta rápida en carrera. Los números de la gesta abruman: segunda remontada más grande de la historia de la Fórmula 1, 60 años desde la última victoria de un piloto italiano en Monza y lo más importante: la ventaja en el mundial con Russell ya se extiende hasta los 66 puntos. El podio fue una fiesta con los muy ochenteros Matia Bazar y su Sarà perqué ti amo sonando de fondo. En aquellos años las gradas del circuito hubieran quedado vacías con el temprano abandono de Leclerc y el modesto sexto puesto de Hamilton pero esta vez, gracias al niño maravilla de Bolonia, los tiffosi vestidos con sus rojas camisetas de Ferrari se quedaron hasta el final disfrutando con la victoria de un Mercedes ¿Qué pensaría el Commendatore?
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