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Hay momentos en la vida de una organización política que invitan no solamente a celebrar, sino también a reflexionar. Este domingo es uno de ellos.
La juramentación de las nuevas autoridades de nuestro Partido Revolucionario Moderno representa la culminación de una etapa, pero, sobre todo, el comienzo de una nueva responsabilidad.
Por eso, lo primero que siento es gratitud. Gratitud hacia cada compañero y compañera que ha confiado en nosotros. Hacia quienes han recorrido durante años el camino del partido desde sus comunidades, municipios y provincias. Hacia aquellos que, muchas veces sin ocupar posiciones visibles, han sostenido con su trabajo, compromiso y lealtad esta organización.
El PRM es un partido relativamente joven, pero en sus filas convergen hombres y mujeres con décadas de experiencia política, de luchas democráticas y de servicio al país. Y junto a esa experiencia ha venido creciendo una nueva generación de dirigentes, preparada para asumir responsabilidades y para interpretar una sociedad que cambia y exige nuevas maneras de hacer y comunicar la política.
Esa convivencia entre generaciones es una de nuestras mayores fortalezas.
No se trata de que una generación sustituya a otra. Se trata de sumar la experiencia acumulada durante décadas con nuevas ideas, capacidades y maneras de entender los tiempos que vivimos. De honrar nuestra historia mientras preparamos a quienes tendrán la responsabilidad de continuarla.
Hay razones, por tanto, para sentir orgullo de lo que juntos hemos construido.
En 2020, en medio de una pandemia que estremeció al mundo y colocó a la República Dominicana frente a enormes desafíos, el pueblo dominicano depositó su confianza en nosotros. Cuatro años después, en 2024, esa confianza fue renovada de manera contundente.
Hoy tenemos mayor experiencia, una organización extendida por todo el territorio nacional y una obra de gobierno que podemos mostrar. Tenemos razones para mirar hacia el 2028 con confianza.
Pero nada de lo alcanzado garantiza por sí solo lo que vendrá.
El próximo año nuestro partido avanzará hacia la definición del hombre o la mujer que tendrá la responsabilidad de llevar nuestra bandera de cara al 2028. Habrá aspiraciones, preferencias y legítimas diferencias. Eso es natural en una organización democrática y vigorosa.
Lo verdaderamente importante será cómo transitamos ese proceso. Debemos llegar al 2028 unidos. Unidos antes de escoger, unidos después de escoger y unidos alrededor de quien finalmente reciba la responsabilidad de representar nuestras aspiraciones. Ningún proyecto individual puede ser más grande que el propósito que compartimos.
Y esa unidad se construye desde ahora, manteniendo abiertos nuestros oídos y nuestras puertas, recorriendo el territorio y escuchando a nuestra gente.
Tenemos historia, tenemos experiencia, tenemos una nueva generación preparada para continuarla y tenemos una obra que mostrar. Nuestra responsabilidad ahora es preservar aquello que nos ha permitido llegar hasta aquí.
Este domingo no es un punto de llegada.
Es un nuevo punto de partida.
Recibo esta responsabilidad con humildad, gradecimiento y plena conciencia del compromiso que representa. Convencido de que nuestro futuro dependerá, por encima de cualquier aspiración individual, de nuestra capacidad para permanecer juntos.
Porque los cargos pasan.
La unidad y el compromiso permanecen.
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