Comprendo perfectamente el alboroto que se produce en esta ciudad –y en todas- cuando una obra topa con restos arqueológicos –siempre importantes, porque contienen información de nuestra memoria colectiva- inopinados. La administración promotora y la empresa ejecutora entran en pánico. Una sólo ve votos; la otra, euros. Se pretende demostrar la poca importancia de lo aparecido, primero, y, luego, si el clamor de los conscientes eleva el tono y amenaza los votos, apoyándose siempre en instancias competentes –Junta- se cuenta una milonga de 'se van a documentar y proteger', afirmaciones todas, o casi, torticeras. Las últimas en salir al ruedo son las asociaciones que dicen defender el patrimonio. Hay de todo, como en botica. Siempre aparecen 'expertos', que no profesionales, opinando en un sentido u otro. Los últimos en hablar son siempre los técnicos de verdad. Por prudencia, prohibición o ambas razones.
Me estoy refiriendo, claro está, al cementerio islámico, una parte del cual ha salido a la luz en pleno centro. Que hubiera arqueólogos era obligatorio y razonable, por normativa y situación del proyecto a ejecutar. Si el Ayuntamiento dispusiera, me da igual quién la hubiese redactado, como en otras ciudades la hay, de una carta arqueológica, podría calcularse de antemano la posibilidad de recibir sorpresas semejantes. Y debo decir que, a raíz de la antigua excavación ejecutada –en sentido literal- para hacer el aparcamiento de la Memoria de Menacho, teníamos argumentos suficientes para predecirlo. Incluso, si en vez de acumular papel impreso y no leerlo se hubiese analizado, podría haberse calculado la extensión de esa necrópolis –los cursis la llaman 'maqbara', para parecer más técnicos y, por extensión, más entendidos en lo islámico-. Se requiere sosiego para excavar un cementerio, antiguo o moderno. Y, en la actualidad, con las técnicas disponibles, pueden obtenerse datos importantes.
Dejen trabajar a los técnicos responsables. Si alguien sabe algo, que ayude, si quiere –los egos en esto juegan mucho-. Y que las Administraciones se dejen de monsergas y cuentos. Debe estudiarse con calma y ponerse los medios –money, money-. Es el precio de la legislación y de la improvisación.
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