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Dr. Lin Chia-lung, ministro de Relaciones Exteriores ROC (Taiwán).
A medida que los Estados autoritarios buscan debilitar sus salvaguardias y remodelar las normas internacionales para servir a sus propios intereses, el orden internacional basado en normas se encuentra bajo una presión cada vez mayor. Incluso los principios fundamentales de la solución pacífica de controversias y la prohibición de la amenaza o del uso de la fuerza, consagrados en la Carta de la Organización de Naciones Unidas (ONU), han sido abiertamente desafiados y flagrantemente vulnerados.
Hoy en día, la comunidad internacional se encuentra en una encrucijada crítica. O actuamos unidos para defender la justicia, proteger el Estado de Derecho y mantener la paz y la seguridad, o vemos cómo el orden mundial se desmorona progresivamente, llevándose consigo la libertad, la autodeterminación y la democracia.
Pocos lugares presentan esta disyuntiva de forma tan cruda como la primera cadena de islas del Indopacífico. La seguridad de esta región se ha visto sometida a una creciente presión por parte de China, que continúa desplegando tácticas de 'zona gris' –incluyendo la intimidación militar, las incursiones cibernéticas y la coerción económica– en un intento de remodelar unilateralmente las reglas y normas vigentes.
Al estar situada en la primera línea de defensa de la libertad y la democracia, Taiwán continuará manteniendo firmemente el statu quo. Sin embargo, la preservación de la paz y la estabilidad en la región no es solo del interés de Taiwán, sino que es también una preocupación compartida por la comunidad internacional.
El estrecho de Taiwán es una de las rutas marítimas más transitadas del mundo y una arteria fundamental para las cadenas de suministro internacionales. Su importancia para la seguridad y la prosperidad mundiales queda reflejada en las declaraciones del G7, así como de otras cumbres y reuniones a nivel ministerial entre Japón, Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y otros países. Todos ellos conforman un coro creciente de voces en todo el mundo que subrayan la importancia de la paz y la estabilidad a ambos lados del estrecho.
La integridad del orden basado en normas también se está viendo socavada por la tergiversación deliberada que hace China de la Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Aprobada en 1971, la resolución aborda la cuestión de la representación de China en la ONU. El texto no menciona a Taiwán en absoluto, no determina su estatus político ni aborda su participación en el sistema de la ONU. No obstante, China ha conspirado para vincular la resolución 2758 con su denominado «principio de una sola China» y utilizar dicha resolución para bloquear la participación de Taiwán en la ONU y en otras organizaciones internacionales. Si no se le pone freno, esta distorsión podría sentar un peligroso precedente jurídico y servir de pretexto para futuras acciones militares en el estrecho de Taiwán.
A pesar de su exclusión de la ONU, Taiwán está decidido a actuar como una fuerza para el bien. Las fortalezas que posee Taiwán en manufacturación avanzada, preparación ante desastres y salud pública podrían contribuir a la comunidad internacional de muchas maneras.
Taiwán ha adoptado una política exterior integrada y de valor añadido basada en el fortalecimiento de las alianzas democráticas, la promoción de la seguridad colectiva y el desarrollo de la resiliencia económica. Trabajando con socios de ideas afines, Taiwán promueve la democracia, los derechos humanos y la libertad en todo el mundo. Como líder en semiconductores, inteligencia artificial y tecnología, Taiwán se compromete a construir cadenas de suministro seguras, resilientes y libres de la dependencia de regímenes autoritarios.
A través de su Proyecto de Prosperidad de los Aliados Diplomáticos, Taiwán fomenta la coprosperidad junto a sus socios. Taiwán aporta su experiencia y recursos a proyectos impulsados por la tecnología en colaboración con sus aliados diplomáticos para abordar los desafíos del desarrollo y fortalecer las capacidades locales. Entre los ejemplos concretos se incluyen la colaboración con Paraguay en un Sistema de Información en Salud, la construcción de una instalación estratégica de reserva petrolera en Esuatini y la colaboración con el Hospital Nacional de Palaos en materia de atención sanitaria inteligente. Estas iniciativas han fortalecido la gestión de datos y la eficiencia, reforzado la seguridad energética, impulsado el crecimiento industrial y promovido el desarrollo sostenible.
Khalilur Rahman, presidente electo de la próxima 81.° Asamblea General de la ONU, ha establecido como temas centrales de su presidencia la restauración de la confianza y la gestión de la transformación institucional. Taiwán comparte estos objetivos y está preparado para ayudar a hacerlos realidad.
La restauración de la confianza en la ONU debe comenzar por tratar a todos los miembros de la comunidad internacional de manera justa y equitativa. Y la transformación no podrá completarse mientras un miembro constructivo y confiable siga siendo excluido injustamente.
Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que defienda los principios de inclusión, de no dejar a nadie atrás, de resolver las controversias de forma pacífica y de no amenazar ni utilizar la fuerza. Estos imperativos sustentan el orden internacional basado en normas y deben aplicarse de manera coherente y sin excepciones.
El mundo libre necesita a Taiwán, y una Organización de las Naciones Unidas más fuerte y creíble necesita la participación significativa de Taiwán. Trabajar mano a mano con Taiwán fortalecerá la seguridad colectiva, potenciará la resiliencia económica y tecnológica, y desarrollará nuestra capacidad compartida para resistir la presión autoritaria. Por lo tanto, garantizar la participación significativa de Taiwán en la ONU es esencial para construir un orden internacional más inclusivo, seguro, resiliente y basado en normas.
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