En nuestro país, el 70% de las muertes de motociclistas en accidentes ocurre por no usar casco, llevarlo mal colocado o usar uno que no es adecuado.
En México, el uso de un casco certificado y correctamente abrochado es obligatorio por ley, tanto para el conductor como para el acompañante en la gran mayoría de los estados y carreteras federales.
La Norma Oficial Mexicana (NOM) NOM-206-SCFI/SSA2-2018 regula las especificaciones de seguridad, absorción de impactos, resistencia a la penetración y sistemas de retención para cascos en el país, además de certificaciones internacionales válidas que las autoridades de tránsito también aceptan.
Todos los cascos para motociclistas deben contar con correas y broches seguros que mantengan el casco firmemente sujeto a la barbilla sin moverse más de 2.5 centímetros.
Se prefieren los cascos integrales (cerrados), aunque los abatibles y 3/4 están permitidos si cuentan con la certificación oficial y protegen adecuadamente la cabeza.
Otra falta
No contar con la edad mínima para conducir una motocicleta es otra de las faltas más comunes, sin mencionar que además cometen acciones que no están permitidas, como realizar acrobacias y maniobras peligrosas en vía pública, circular sin placas o no contar con documentación vigente.
Ante tantos accidentes que ocurren diariamente, es evidente la falta de pericia y capacitación para conducirla. He sabido de casos que van a tramitar su licencia como motociclista y no les aplican ningún tipo de examen, en donde la autoridad correspondiente verifique si efectivamente sabe manejar una moto, ya ni mencionar si, además, conoce el reglamento para conducirla en la vía pública.
Por años, la imagen del motociclista cruzando a toda velocidad entre los carriles de la avenida Ejército Mexicano, esquivando unidades de pasaje en la zona norte o ignorando la luz roja en el centro de la ciudad ha sido tomada como un simple acto de indisciplina; sin embargo, estas acciones se han convertido, hoy en día, en una crisis peligrosa, no solo para el motociclista, también para peatones, automovilistas y todos los que de alguna manera estamos expuestos a ser blanco de la imprudencia del conductor motorizado.
No solo expone su vida y atenta contra su integridad física, al rechazar el casco o violar el reglamento vial, también atenta contra todos los demás ciudadanos, incluso contra su propia familia, pues muchos abusan de la capacidad de la unidad, al llevar a toda la familia sobre dos ruedas, o no me diga que nunca se ha topado con un motociclista con dos o tres niños montados entre el conductor y otro adulto, que generalmente es una mujer, es decir, mamá, papá y dos o tres niños más.
El optimismo mata
"Es un tramo corto, no me pasa nada", suelen decir muchos, pues la ciencia de la neuropsicología confirma que el cerebro tiende a sobreestimar las habilidades propias y a subestimar el riesgo real mediante el denominado sesgo de optimismo o ilusión de invulnerabilidad.
El motociclista promedio experimenta una desconexión cognitiva, es decir, reconoce que las calles de la zona conurbada son peligrosas, pero está convencido de que su "pericia" al manejar lo salvará de un accidente.
A esto se suma la desvalorización temporal, un fenómeno donde la mente prefiere la comodidad de no sudar bajo el intenso calor y la humedad del puerto por encima de un beneficio a largo plazo, como lo es salvar la vida en un choque que se percibe como improbable.
En avenidas de flujo rápido como la carretera Veracruz-Xalapa, esta manera de ver la situación se vuelve mortal. El conductor prefiere avanzar a exceso de velocidad que anticipar que el pavimento de zonas críticas como la Cabeza Olmeca o el semáforo de la Central de Abasto no perdona los errores de cálculo.
Mientras la psicología explica el comportamiento, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran una cruda realidad, al ubicar al estado de Veracruz en el top 10 nacional con más accidentes viales registrados, que superan los 12 mil incidentes anuales.
Cada fin de semana, el aullar de las sirenas de ambulancias ya se ha convertido en parte del ambiente que priva de viernes a domingo.
Reportes de corporaciones de emergencia revelan que en la zona metropolitana de Veracruz y Boca del Río fallecen un promedio de 5 motociclistas a la semana por accidentes de tránsito.
Las principales causas de estos siniestros son la velocidad excesiva, invadir carril y las distracciones al conducir.
Paramédicos han dicho que hasta el 70% de las muertes en moto en la zona ocurren por no usar casco o portarlo mal colocado. Un casco disminuye más de seis veces el riesgo de muerte y reduce las lesiones cerebrales graves en un 67%.
Las tragedias recurrentes en arterias como Rafael Cuervo o el kilómetro 13.5 confirman que el impacto contra postes o muros de contención resulta instantáneamente fatal si no hay protección.
Víctimas colaterales
Un aspecto crítico de esta problemática es el daño psicológico, legal y económico a terceros. Cuando un motociclista ignora el reglamento vial, rebasa por la derecha en puntos ciegos o conduce de noche sin luces, transfiere la totalidad del riesgo a los automovilistas que comparten la vía y entonces, afecta o marca para siempre a un conductor y a las familias de ambas partes.
La ciencia ha demostrado que el estrés postraumático y la culpa inducida afectan gravemente a conductores de automóviles que, aun manejando a la velocidad permitida y con total precaución, terminan involucrados en un accidente fatal por una maniobra intempestiva del vehículo de dos ruedas.
En el entorno legal de Veracruz, el automovilista suele enfrentar un calvario, como detenciones preventivas, el aseguramiento de su vehículo y elevados gastos económicos en peritajes y abogados para demostrar su inocencia.
Es una injusticia social que la irresponsabilidad y falta de protección del motociclista termine siendo una condena emocional y carga económica para un tercero que sí respetaba la ley.
Conducir correctamente por las avenidas de Veracruz no es un trámite para evitar una multa de tránsito; es el único blindaje contra la vida propia del motociclista y, en muchos casos, de sus acompañantes, que suelen ser sus seres más queridos.
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