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No entendía, durante mis años de adolescencia, por qué en Fundación las chicas se negaban a bailar con nosotros, dizque porque el cachaco no sabe bailar vallenato, como si –para empezar– el vallenato tradicional se bailara, y si no que lo dijera Alejo Durán, que soltaba el acordeón y se iba enfurecido cuando alguien profanaba su canto y sacaba pareja debajo del palo de mango. El vallenato auténtico —merengue, paseo, puya o son— no es para bailar, sino para escuchar; pero, aunque el único baile tradicional del Cesar es el pilón, los ritmos vallenatos comenzaron a bailarse, y su estilo llegó a identificar departamentos del litoral: «Ajá, mira que ese cachaco baila puro samario». Después entendí que, por encima del examen al bailador, las chicas bailaban con quien ostentaba poder: el dueño de casa, el dueño del restaurante, el dueño de la camioneta… y aceptar esto se convirtió en parte del paisaje cultural colombiano.
¿Por qué razón? Porque —por ejemplo— no está bien visto que la gente hable mal, y que diga 'helicótero', y está peor visto que use ese 'helicótero' por seguridad; pero la cosa cambia cuando se trata del dueño del aviso, que, además, no proviene de zonas de tercera, como el Chocó; así que en estos casos sí está bien visto que diga 'la verdá', aunque mienta, o que use el 'helicótero' para dar vueltas diarias por todo el vecindario, porque —eso sí— el tipo usa ropa cara, y es blanco, y dice 'helicóptero', y dice 'acepción'.
La galería, crítica 'acérrima' del 'helicótero' (no sea que nos lo ensucie), dice 'tráigamen', 'acettar', 'produtto'; y 'esiste' 'adsolutamente' para sus 'proyettos'; confunde 'pernoctar' con 'pernotar' y califica de 'etselente' a quien ofrece disculpas en vez de pedirlas. Esa misma galería que usa el verbo en imperativo, porque así lo ha visto en las redes, para ordenar, en vez de desear ('descansa', 'disfruta'; en vez de 'que descanses', 'que disfrutes'), pero, cuando debe usarse el imperativo, usa los verbos en infinitivo, a lo piel roja: 'tirar los papeles a la cesta', 'parquear a la derecha', 'llenar el formulario', tú, cara-pálida, ¡ao!
Así que el mal uso de las palabras depende del estrato, y el uso del 'helicótero' también, y también el baile; porque es feo que uno, como ser humano mortal, hable mal o use el 'helicótero' o se atreva a sacar una chica a bailar sin cumplir con sus criterios dancísticos; pero no es feo si el pésimo bailador es el dueño de los caballos en las 'fiestas' de hoy en los pueblos, o si es el actual vicepresidente, cuyo paso de baile parece más un ataque de perlesía que un movimiento armónico y al compás de música alguna.
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