El naranja pierde espacio en la comunicación institucional mientras la gobernadora reorganiza su equipo, recorre los municipios y abre una relación directa con Abelardo de la Espriella. Margarita Guerra no ha anunciado una ruptura con Fuerza Ciudadana, pero comienza a gobernar bajo una identidad propia.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
En política, los colores también hablan. Algunas veces anuncian una distancia antes de que alguien se atreva a declararla.
Durante años, el naranja fue más que un recurso gráfico: se convirtió en la marca visual del proyecto político de Carlos Caicedo. Alcaldía, Gobernación, programas, obras y movilizaciones quedaron cubiertos por una misma identidad cromática.
Pero algo está cambiando.
En las publicaciones recientes de la Gobernación del Magdalena y de Margarita Guerra, el naranja perdió protagonismo. Ahora predominan el blanco, el azul y otras tonalidades. En algunas piezas sobrevive un mandarina suave, más parecido a un vestigio que al color dominante del caicedismo.
Una paleta gráfica no basta para declarar una ruptura. Pero tampoco puede considerarse accidental una modificación tan visible dentro de un movimiento que convirtió el color en señal de pertenencia.
Margarita está despartidizando la imagen institucional heredada y construyendo una identidad propia.
LOS COLORES COINCIDEN CON LAS DECISIONES
La transformación gráfica viene acompañada de movimientos políticos concretos.
La gobernadora reorganizó su gabinete, dejó salir figuras identificadas con el núcleo caicedista, incorporó nuevos sectores y comenzó a recorrer directamente las subregiones. Ya no aparece únicamente como la candidata que Caicedo ayudó a elegir, sino como una mandataria que decide quién permanece, con quién conversa y cómo relaciona al departamento con el Gobierno Nacional.
No es todavía una ruptura declarada con Fuerza Ciudadana, sino la construcción progresiva de autonomía. Margarita conserva su origen político, pero ese origen ya no parece determinar cada decisión de su gobierno.
UNA RED PROPIA EN LOS MUNICIPIOS
Cada visita y fotografía con un alcalde amplía una red que comienza a responderle directamente a ella.
La reunión celebrada en abril en San Zenón, con los mandatarios de El Banco, Guamal, San Sebastián de Buenavista, Pijiño del Carmen, Santa Bárbara de Pinto, Santa Ana y el municipio anfitrión, mostró a una gobernadora capaz de convocar alrededor de problemas compartidos.
En un departamento fragmentado por intereses locales, hablar directamente con los alcaldes significa construir confianza y acumular capital político.
Margarita tampoco se limita a los territorios donde Fuerza Ciudadana conserva influencia. Está entrando en municipios donde Abelardo de la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial. Allí necesita presentarse como gobernadora de todo el Magdalena, no como delegada de un proyecto derrotado en las urnas nacionales.
LA FOTOGRAFÍA DE MOMPOX
El tercer movimiento ocurrió durante la Cumbre de Gobernadores celebrada en Mompox el 4 de septiembre.
Margarita posó junto al presidente Abelardo de la Espriella. La imagen tuvo una carga superior al protocolo: la gobernadora elegida por Fuerza Ciudadana aparecía cómoda al lado del mandatario que derrotó al candidato respaldado por Carlos Caicedo.
La fotografía no convierte a Margarita en abelardista. Sí demuestra que decidió construir una relación directa con el presidente, sin intermediarios, permisos políticos ni reconciliaciones ideológicas.
Margarita parece entender algo elemental: los departamentos no pueden escoger con qué presidente les corresponde gobernar.
Caicedo convirtió su confrontación con Iván Duque en una de sus principales banderas. Muchas de sus reclamaciones podían ser legítimas, pero la disputa permanente terminó ocupando buena parte de la relación entre la Nación y el departamento.
Margarita escogió otra ruta: conservar las diferencias políticas sin sacrificar la gestión.
UN CANAL DIRECTO CON LA NACIÓN
El abelardismo ya tiene interlocutores naturales en el Magdalena. Margarita no pretende sustituirlos, hace equipo con ellos. Su posición es distinta: representa institucionalmente al departamento y está abriendo un canal adicional con la Casa de Nariño.
Ese vínculo puede ser determinante para los proyectos de infraestructura, seguridad, salud y agua potable que requieren recursos o decisiones nacionales. Si consigue resultados, llegará a 2027 no solo como la gobernadora elegida por Fuerza Ciudadana, sino como una dirigente capaz de reunir alcaldes de diferentes sectores y defender al Magdalena ante un Gobierno ideológicamente distante.
RAFAEL MARTÍNEZ SE APEGA A LOS RECUERDOS
La autonomía de Margarita parece haber provocado una reacción dentro de Fuerza Ciudadana.
Mientras la gobernadora exhibe gestión, territorio y relación directa con el presidente, Rafael Martínez se apega a viejas fotografías y videos de la campaña. Busca recordar que estuvo allí, que el movimiento respaldó a Margarita y que su triunfo tuvo un origen colectivo.
Todo eso es cierto. Margarita llegó a la Gobernación con la estructura, los votos y el apoyo de Fuerza Ciudadana. Pero desempolvar ahora aquellas imágenes también parece una manera de reclamar participación en el éxito de una gobernadora que gana reconocimiento cuando se muestra lejos de la influencia visible de Caicedo y Martínez.
Una comunica lo que está ocurriendo; el otro necesita recordar cómo comenzó.
Los videos del pasado prueban el origen de Margarita, pero ya no explican su presente ni garantizan que sus decisiones futuras pertenezcan a quienes protagonizaron aquellas imágenes.
EL MAPA DE 2027
Margarita no puede reelegirse, pero sí influir en la sucesión departamental. Su capital político dependerá de los resultados de su gobierno, de la relación con los alcaldes y de su capacidad para conservar una identidad diferenciada del caicedismo.
Eso modifica el tablero de 2027.
Carlos Caicedo ya no tendría garantizado que la Gobernación funcione como una extensión automática de Fuerza Ciudadana. Rafael Martínez tampoco puede asumir que el triunfo de Margarita asegura la continuidad de su influencia. La Casa Pinedo, por su parte, no debería creer que toda interlocución con Abelardo pasará exclusivamente por sus manos.
Entre esos bloques, Margarita comienza a convertirse en un centro de gravedad propio: conserva su origen en Fuerza Ciudadana, pero tiene poder institucional, comunicación directa con la Nación y una relación creciente con los alcaldes.
Falta saber hasta dónde llevará esa autonomía: si respaldará una candidatura propia, negociará una coalición o volverá a someterse a las decisiones de Caicedo. Pero la pregunta ya existe. Y eso demuestra que el escenario cambió.
El naranja pierde terreno, el azul avanza y Margarita se fotografía con Abelardo. Mientras ella comunica presente, Rafael Martínez desempolva recuerdos de campaña para no quedar por fuera de una historia que comienza a escribirse lejos de su influencia.
Margarita no ha dicho que rompió con Fuerza Ciudadana. Quizás ni siquiera necesite decirlo todavía.
Porque en política, como inmortalizó Juan Gabriel, 'lo que se ve no se pregunta'.
D. Y eso que no mencionamos el 'barato' que Margarita le dio a Carlos Pinedo durante la Fiesta del Mar. Los colores hablan, las fotografías también… y algunos movimientos no necesitan traducción.
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