«Es Alcázar de San Juan un paraje sin igual, su estación y su hospital son la envidia comarcal». Con esos versos se marca el estribillo de una canción que, veinticinco años después, ya no pertenece únicamente a quienes la compusieron o la interpretan. «Maravilloso día», la canción de la Orquesta Daikiri dedicada a Alcázar de San Juan, se ha incorporado a la memoria colectiva de la ciudad hasta convertirse en uno de los sonidos inseparables de su Feria. La efeméride anunciada por la propia formación sitúa su nacimiento en torno a 2001 y permite mirar hacia atrás para reconstruir cómo una orquesta local, un baile nacido pocos años antes y una sencilla combinación de camisa blanca y pañuelo rojo terminaron dando forma a una de las imágenes más reconocibles de septiembre en Alcázar.
La historia comienza, en realidad, un poco antes. La documentación consultada permite fijar en 1999 el nacimiento del Baile del Vermut. El programa de aquel año ya incluía a la Orquesta Daikiri en la Plaza de España, de modo que su relación con esta celebración puede documentarse desde la primera edición. Al año siguiente, CANFALI explicaba que el Baile del Vermut se organizaba por segundo año consecutivo después de la excelente respuesta obtenida en 1999. En apenas unos años, lo que había surgido como una propuesta de mediodía fue convirtiéndose en un verdadero punto de encuentro: música, aperitivo, gastronomía, amigos y familias ocupaban la Plaza de España en unas horas que hasta entonces habían estado mucho más vinculadas a la pausa y al descanso de la jornada ferial.
Daikiri estuvo presente desde esos primeros pasos. En 2000 aparece en dos jornadas del programa, y en 2001 la prensa la situaba ya como una de las formaciones encargadas de poner el broche a las actuaciones del Baile del Vermut. A partir de ahí su presencia se repite con frecuencia. Los programas de 2003 y 2004 vuelven a recogerla entre las orquestas de Feria, pero es desde mediados de la década cuando comienza a apreciarse con mayor claridad la asociación que ha llegado hasta nuestros días. En 2005 Daikiri figura el 7 de septiembre, a la una de la tarde, en la Plaza de España. Lo mismo sucede en 2006, 2007 y 2008. La reiteración de la fecha acabó otorgando a ese último tramo de la Feria un carácter propio: para muchos alcazareños, el día 7 empezó a ser también el día de Daikiri.
En 2007 esa identificación ya era suficientemente evidente como para que CANFALI dedicara una información específica bajo el titular «Hoy, Daikiri en el Baile del Vermú». La noticia presentaba la actuación de la orquesta alcazareña como una cita esperada y describía el Baile del Vermut como una de las actividades más frecuentadas de la Feria. Niños, jóvenes y mayores compartían un mismo espacio, cada vez más concurrido, en el que el escenario y la música eran solo una parte de un fenómeno social más amplio. Daikiri había dejado de ser simplemente una de las orquestas contratadas para amenizar el mediodía: se estaba convirtiendo en una referencia sentimental de la fiesta.
En paralelo fue apareciendo otra de las señas de identidad que hoy parecen inseparables de esa escena. El pañuelo ya estaba presente desde años antes en la ceremonia inaugural de la Feria, cuando se imponía a las figuras de Don Quijote y Sancho Panza. Sin embargo, la documentación revisada permite localizar en 2006 la primera recomendación expresa para que el público del Baile del Vermut acudiera con una indumentaria común: «cuerpo blanco, piernas en tela vaquera y pañuelo rojo de feria». La fórmula se repite en 2007 y 2008. Es un detalle pequeño en apariencia, pero decisivo en la construcción visual de la fiesta. Desde entonces, el blanco de las camisetas y camisas, el azul del vaquero y el rojo del pañuelo han ido llenando la Plaza hasta formar una imagen que hoy identifica a Alcázar casi tanto como la propia música.
En ese ambiente encontró su lugar «Maravilloso día». No se ha localizado todavía en los programas y crónicas de comienzos de siglo una referencia contemporánea que permita fijar con absoluta precisión la fecha de su primera interpretación pública, por lo que conviene ser prudentes. Lo que sí está contrastado es que en septiembre de 2025 la propia Orquesta Daikiri anunció que la canción cumpliría veinticinco años en 2026, lo que sitúa su creación alrededor de 2001. También está claro que, con el paso del tiempo, la canción fue ganando un significado que iba mucho más allá de su condición de tema festivo. Sus referencias a la estación, al hospital y a la propia ciudad conectaban con lugares y experiencias familiares para varias generaciones de alcazareños. La letra no necesitaba grandes solemnidades: hablaba de un Alcázar reconocible, cotidiano y orgulloso de sí mismo.
Probablemente ahí reside buena parte de su éxito. La estación de ferrocarril no es una referencia cualquiera en una ciudad cuya historia contemporánea está íntimamente ligada al tren; tampoco lo es el hospital, convertido durante décadas en un elemento de centralidad comarcal. La canción toma esos símbolos cercanos y los convierte en motivo de celebración. Cuando la Plaza entera canta «Es Alcázar de San Juan un paraje sin igual», lo que se produce es una forma espontánea de identificación colectiva. No es un himno nacido de un encargo institucional ni de una ceremonia oficial. Se ha convertido en himno porque la gente lo ha hecho suyo, repitiéndolo año tras año hasta incorporarlo a su propia manera de vivir la Feria.
La evolución del Baile del Vermut ayuda a entender este proceso. Desde 1999, la Plaza de España fue transformándose durante las mañanas de Feria en un espacio de convivencia intergeneracional. Las degustaciones de zurra, pipirrana, machacón, ensalada de limón y otros platos populares convivían y conviven con las actuaciones musicales; las barras y las carpas crecían al mismo ritmo que la participación. La prensa local reflejaba ya en los primeros años del siglo XXI que el baile se consolidaba rápidamente y que la respuesta del público superaba las expectativas iniciales. De esa mezcla de música, gastronomía y calle nació una tradición nueva, sin necesidad de remontarse siglos atrás para adquirir autenticidad.
Por eso la historia de Daikiri y de «Maravilloso día» es también una pequeña historia sobre cómo se construyen las tradiciones contemporáneas. Primero aparece una actividad nueva; después la ciudadanía la repite, la adapta y la convierte en costumbre. Más tarde llegan los símbolos: una fecha, una canción, una forma de vestir, una fotografía reconocible. Cuando todos esos elementos coinciden durante suficientes años, la celebración adquiere una memoria propia. Hoy resulta difícil imaginar el final de la Feria de Día sin la Orquesta Daikiri, del mismo modo que cuesta imaginar la Plaza sin el pañuelo rojo y las camisetas blancas.
En septiembre de 2025 la formación volvió a llenar la Plaza de España y anunció una celebración especial por el 25.° aniversario de «Maravilloso día», con un acto central previsto para el 7 de septiembre de 2026. La petición a los asistentes fue precisamente recuperar y reforzar esa imagen ya tradicional: camiseta blanca y pañuelo rojo. La coincidencia resume de manera perfecta el camino recorrido. Una canción nacida en torno a 2001 se encuentra ahora con una estética festiva documentada desde 2006 y con un Baile del Vermut cuya historia comenzó en 1999, con Daikiri ya formando parte de su programación.
Veinticinco años después, quienes escucharon por primera vez la canción comparten la Plaza con una generación que ha crecido considerándola parte natural de la Feria. Ahí está quizá la mejor medida de su importancia. Daikiri ha conseguido que una melodía sea también recuerdo, reencuentro y pertenencia. Cada vez que vuelve a sonar, la Plaza se llena de voces, pañuelos y camisetas blancas; durante unos minutos, la ciudad se reconoce a sí misma en una canción. Y entonces aquellos versos recuperan todo su sentido: Alcázar de San Juan vuelve a ser, una Feria más, ese «paraje sin igual» en el que miles de personas comparten, juntas, un maravilloso día.
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