A ver si nos entendemos. El Gobierno es políticamente culpable de la caótica situación reinante en Ceuta. Ya veremos si también lo es judicialmente. Al menos por omisión, por desidia. Por dejar pasar lo que pasó a pesar de las alertas. Pero no es culpable de prestar ayuda a los extranjeros que entraron ilegalmente y, por razones tanto humanitarias como legales, no pueden salir de España por las bravas, sin atenerse al garantismo prescrito en la legislación vigente.
Del minuto y resultado de la crisis ceutí (existencial, geopolítica, migratoria y humanitaria), me centro en el ejercicio de la autoridad del Gobierno central, aun en contra de las autoridades autonómicas, que ha decidido alojar en la explanada del puerto a más de mil personas que deambulan por Ceuta en apremiante estado de necesidad.
La justa indignación de Juan Jesús Vivas por el desamparo de su gente, que también es la nuestra, no justifica su "no es no" a las carpas en el puerto. Y en cuanto a la compartida negativa de Núñez Feijóo, líder del PP, el aspirante a la Moncloa falta a su compromiso con la legalidad en materia de extranjería y derechos humanos, por mucho que se escude en la presión de los ceutíes que exigen la devolución de todos los ilegales en veinticuatro horas. Pero eso no puede ser y además es imposible, como decía aquel torero sentencioso.
Tampoco debería Feijóo poner la sexta velocidad para acabar con Sánchez porque ya se ocupa el propio Sánchez de hacerse el harakiri con su presidencialismo caribeño, su arruinada imagen pública, su aislamiento parlamentario y la escalada de la desvergüenza en su entorno político y familiar.
No debería Feijóo esforzarse tanto en acabar con Sánchez porque ya se ocupa el propio Sánchez de hacerse el harakiri
No viene a cuento encabritarse por una cosa bien hecha, al menos una, por parte de Óscar Puente, el ministro bocazas. Una medida compasiva de carácter provisional (plazo improrrogable hasta el 31 de diciembre) mientras se van a ir tramitando individualmente las expulsiones. Con garantías legales y la "pactada" colaboración de Marruecos sobre la que planean no pocas dudas.
Es el único modo civilizado de ejercer la legítima defensa de un Estado ante una ilegítima invasión de sus fronteras, de la que el propio Gobierno español tendrá que responder en las urnas y en los tribunales de justicia. Todo eso está por ver. Pero nada de eso debe cegarnos hasta el punto de no distinguir entre progreso y barbarie. Aunque siga floreciendo la doctrina del filósofo Javier Sádaba: "El buenismo es la religión de los idiotas".
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Pedro Pascual García. Ceuta
Por tanto, me parece fuera de lugar oponerse al ya muy avanzado montaje de carpas en ese lugar de titularidad pública que es el puerto de Ceuta (16.000 metros cuadrados en dos parcelas) donde los inmigrantes sean tratados como personas. Por respeto a los derechos humanos. Y porque es una forma de rebajar el estrés de los ceutíes angustiados por esa pérdida de su espacio.
Esa usurpación del espacio viene siendo una fuente de problemas que no desean ni unos ni otros y, al tiempo, un motivo de confrontación partidista exacerbada por el tiempo electoral que se avecina (generales y territoriales). Con Vox al alza, gracias, entre otras cosas, a la impagable colaboración que le viene prestando Sánchez desde que en el discurso de investidura habló de su famoso "muro" frente a la extrema derecha.
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