Transportadora de Gas del Norte (TGN) es la empresa que por décadas transportó gas del norte argentino y desde Bolivia hacia la zona de alta demanda en el centro de Argentina, Buenos Aires.
La producción de gas en el norte del vecino país está en fuerte declinación desde hace más de una década, a lo cual se suma la reducción acelerada de la producción en Bolivia y el despunte de nueva producción de gas en Vaca Muerta. Esas tres circunstancias han derivado en una rápida reversión del gasoducto TGN, en 2024, y el gas ahora fluye de sur a norte.
El gasoducto revertido hoy en día no tiene capacidad suficiente para atender la demanda en Argentina durante el invierno, y empresas y usuarios deben aún salir a buscar diésel, gas natural licuado (GNL) por su puerto Escobar, y del norte de Chile, además de remanentes de gas natural en Bolivia.
En verano, el mercado está abastecido y hay excedentes flexibles para sacar el gas al norte de Chile y transitarlo por Bolivia hacia mercado de Brasil. Así estamos este septiembre de 2026.
Además, existe otra demanda insatisfecha y potencial que se tiene en el norte del Cono Sur sudamericano: en el norte mismo de Argentina y Chile para minería y generación de electricidad, en Brasil a través de los gasoductos en Bolivia y ahora, por supuesto, para el mercado de Bolivia a partir de 2029.
Todo este enorme mercado regional ha perdido Bolivia por su postura estatista y nacionalista que frenó la exploración, y ahora se convierte en el próximo importador de gas natural. Que tristeza y aflicción me causa escribir esta columna.
Bueno, a mirar el futuro y dejar el llanto. Como hemos manifestado, para atender toda esta demanda TGN está en proceso de ampliación de la infraestructura de gasoductos que posee para llevar gas de Vaca Muerta hacía el norte del Cono Sur. Lo hace con el proyecto de construcción del nuevo Gasoducto Manuel Belgrano de 750 km, que saldrá de Vaca Muerta hasta La Carlota con capacidad de 13 millones de metros cúbicos diarios (MMmcd).
En La Carlota, el Gasoducto Manuel Belgrano se conectará a los ya existentes, que ampliarán la capacidad revertida y operativa actual en 9 MMmcd con dos estaciones de compresión.
En resumen, el proyecto permitirá ofrecer volúmenes en firme –24/7 los 365 días del año– en el norte argentino para uso en la zona o para exportación. La obra completa demandará al menos 18 meses para su construcción y podría estar operativa a principios de 2029.
Las inversiones estimadas son de entre 1.500 y 1.600 millones de dólares, que se financiarán con capital y endeudamiento propio de la transportadora y el prepago, por parte de los cargadores que reserven capacidad de transporte, con contratos firmes de largo plazo (mínimo 12 años). Todo esto a partir de un concurso de operadores privados que tiene de presentación de propuestas irrevocables: el 12 de octubre de este año, según los cronogramas que se conocen.
La ampliación de capacidad no se reparte de forma pareja ni automática y ahí está el inconveniente para Bolivia. De la capacidad revertida total en el norte argentino solo 3,5 MMmcd están previstos para mercados de exportación. El saldo de la capacidad a lo largo de todo el recorrido del ducto ya está comprometido para cubrir demanda faltante del norte argentino, entre centrales eléctricas, productores de hidrocarburos, empresas mineras e industrias.
Aclarando, no hay un cupo reservado para Bolivia, hay una porción de capacidad para exportación que debe disputar y asegurar contractualmente, compitiendo con demanda en el norte de Chile y el mercado de Brasil, en el concurso privado de asignación que TGN iniciará el 12 de octubre y espera finalizar el 23 de noviembre, es decir en una ventana de apenas poco más de un mes.
La asignación de capacidad en el gasoducto no se decide por cercanía histórica, ni por ideología, ni por afinidad política. Se adjudica al mejor postor con porcentaje de prepago ofertado y, en caso de empate, al mayor plazo contractual. Quien no entre a competir se queda sin gas y a esperar la próxima expansión que no sabemos cuándo se dará y podría tardar años en volver a plantearse o definitivamente no suceder, considerando el desarrollo de los proyectos de GNL en Argentina.
Y aquí es donde el reloj juega en contra de Bolivia. Para que el gas llegue a Bolivia o transite por Bolivia hacia a Brasil con transporte firme (24/7), el país necesita aprobar este mes de septiembre por lo menos dos decretos supremos: uno para permitir la libre importación de gas natural para completar la demanda a partir de 2029, y otro para 'gas en tránsito' hacia el mercado de Brasil que permitirá generar ingresos por transporte y mantener operativos los gasoductos bolivianos que hoy funcionan con elevada capacidad ociosa.
Nos jugamos dos cosas a la vez: asegurar el abastecimiento de gas para los bolivianos después de 2029 y generar ingresos por transporte y evitar que la infraestructura de ductos que aún tenemos se termine de deteriorar por falta de uso.
Bolivia tiene una cita con el reloj y, si no sabe manejarse con la urgencia que exige la circunstancia, tendremos restricciones en el abastecimiento de gas más allá del 2029, además de ductos vacíos.
No esperemos, como en el caso del diésel y de la gasolina, que el agua nos llegue al cuello para querer tomar decisiones. Los líquidos no son gas natural.
El autor es exministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual socio director de Gas Energy Latín América
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