Tras unas larguísimas e injustificadas vacaciones en La Mareta (Lanzarote), donde gozó de un blindaje de seguridad que ya hubiesen querido los ciudadanos de Ceuta ... para la frontera con Marruecos, el presidene del Gobierno de España, Pedro Sánchez, compareció finalmente en el Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre lo que él mismo definió como «un ataque» y «una violación de la integridad territorial». Cinco semanas después de los graves hechos vividos en Ceuta, Sánchez ni se disculpó por su evidente dejación, ni asumió responsabilidad política alguna, ni -lo que es peor, si cabe- puso luz donde había mucha oscuridad en torno a cómo pudieron entrar unas 80.000 personas por la frontera.
Horas antes de su comparecencia, se conoció el contenido del informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional, un completo dossier que echa por tierra la tesis gubernamental de la excelente colaboración de Marruecos, pues documenta cómo lo ocurrido a finales de julio contó con la complicidad de agentes de la seguridad de aquel país, con el añadido de que detalla el inventario de alertas que se habían elevado a Interior sobre lo que finalmente ocurrió. Ese informe, para más inri, menciona también alertas sobre un repunte migratorio en Canarias de las que no se informó al Gobierno regional, ni a cabildos y ayuntamientos, en un ejercicio de oscurantismo inaceptable cuando estamos hablando de la atención a personas en riesgo.
Tras quedar en ridículo el presidente y todo el Gobierno, la reacción fue todavía peor: iniciar una caza de brujas contra los agentes que elaboraron el dossier. Ellos se limitaron a cumplir con el mandato de la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, de manera que cabe preguntarse cómo puede seguir al frente de Interior un ministro que dedica el tiempo a pelearse con la judicatura -de la que formó parte- y no centra sus esfuerzos en resolver la gravísima crisis de seguridad que vive Ceuta. Más aún: lo que debería explicar Fernando Grande-Marlaska es por qué no fue el primero en acudir al Centro Nacional de Inmigración y Fronteras para que informase sobre lo sucedido en Ceuta. En todo caso, tanto la Audiencia Nacional como la propia Fiscalía de esa instancia judicial ya han puesto a Marlaska en su sitio, defendiendo no solo a la jueza sino la conveniencia de seguir con las diligencias abiertas.
Y cuando parecía que el listón de esta disparatada gestión era imposible de superar, llega el ministro Óscar Puente este sábado, desprecia al Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Ceuta e impone 'manu militari' la ocupación de suelo para un centro de acogida de migrantes. Desoye así no solo al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y a los agentes económicos locales, sino que confirma que el Ejecutivo no tiene intención de acelerar el retorno de quienes llegaron de forma irregular. Puente, que ni siquiera ha visitado Ceuta, dinamita así la necesaria cooperación entre administraciones y la complicidad con la sociedad civil, todo ello con la descortesía que le caracteriza y que, desde el minuto uno de su gestión, lo invalida para el cargo que ostenta.
Con esos mimbres, el mando único del ministro Ángel Víctor Torres es un campo de minas para su propia credibilidad y para su futuro como candidato del Partido Socialista a la Presidencia de Canarias en 2027.
Encerrado en La Moncloa, como ya lo estuvo en La Mareta, Sánchez no ha escuchado las voces de los cientos de miles de españoles que el pasado miércoles se manifestaron en apoyo a Ceuta y como muestra de rechazo a su política. Tampoco atiende a las autoridades de Ceuta y a unos ciudadanos que quieren recuperar la normalidad perdida y que, como el resto de españoles, miran con desconfianza a Marruecos. Solo Sánchez sigue viendo en el país magrebí un socio fiable; quizás porque solo él es consciente de lo que Rabat sabe del presidente y su entorno.
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