Lo decía con una impotencia que desarmaba a cualquiera que le escuchase. Me comentaba un amigo, con enorme pesar, que había tomado la decisión de ... cerrar su pequeña empresa ante la falta de mano de obra. Se dedica, o se dedicaba, al pujante sector de las reformas, un 'chapuzas', de toda la vida –tomando el mejor sentido de la palabra–. Lo mismo pintaba un piso, que levantaba una pared o ponía pladur. Evidenció en el instituto ser un completo desastre para leer a Machado o enumerar las partes de la célula, pero alicatar los baños se le daba de maravilla y nunca tuvo reparos en doblar el espinazo para mancharse de masilla. Un currante nato al que presuponía que las cosas le iban viento en popa, porque nunca le faltó la faena.
Preguntado por los motivos del cierre, torció el gesto. De los cuatro empleados con los que contaba, dos cogieron la baja tiempo atrás. No por nada en especial. Ninguna enfermedad grave ni motivo extraordinario que les impidiera acudir a trabajar durante los casi dos años que permanecieron en el dique seco. Sencillamente, se cansaron de currar y decidieron acogerse a la posibilidad de quedarse en casa pidiendo la baja al médico, que en ninguno de los casos se mostró especialmente incisivo a la hora de indagar en la supuesta enfermedad. Y después, «a cobrar el paro», como se jactaban ante sus más allegados. Durante esos casi dos años de baja, el 'chapuzas' tenía que pagar cada mes a la Seguridad Social un total 1.600 euros, 800 por cada empleado. Y contratar a otros dos trabajadores para sacar adelante los encargos. Normal que optara por cerrar.
Sólo el año pasado los procesos de incapacidad temporal de larga duración aumentaron en Cantabria un 34%. Un estudio de Mutua Montañesa revela que desde 2019 las bajas por enfermedad común se han disparado un 68%. Lo más grave es que están provocando que aquellos que tienen el ánimo de emprender empiecen a darse por vencidos. Sería injusto generalizar, pero bien haríamos en controlar bastante más los recursos que nos brinda el sistema, empezando por la alegría a la hora de firmar las bajas en los centros de salud. A este paso, los pocos 'chapuzas' que quedan también terminarán optando por quedarse en casa. En tiempos de viralización, trabajar comienza a estar mal visto. Tenemos un problema.
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