El ruido generado por la estampida de Javier Milei desde la idolatría de Margaret Thatcher hacia la defensa de Malvinas como 'causa nacional', sin ahorrarse alguna insinuación militarista, coincidió con tres precisos pasos judiciales, reveladores del estado de situación.
El fraseo burocrático de los jueces de la Cámara y primera instancia expuesto en esas tres decisiones es una huella largamente consolidada en el caso de Macri. Por sobreseimientos dictados bajo ruido o en vísperas de Año Nuevo o Navidad —un clásico—, o por simple cajoneo, el expresidente logró enterrar las múltiples causas sobre espionaje ilegal que lo involucraron, la presunta coacción de una mesa judicial denunciada por jueces, las offshores en Panama y Luxemburgo, la sucesión de probables desfalcos canalizados a través de su primo Angelo Calcaterra o firmas familiares en el Soterramiento del tren Sarmiento, el Paseo del Bajo en Puerto Madero, la compraventa de parques eólicos, el Correo Argentino y la renegociación de los peajes. Nada de eso requirió siquiera un llamado a indagatoria del expresidente o alguno de sus allegados.
Entre jueces y fiscales prevalece la convicción de que el reformateo de Comodoro Py ejecutado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques —uno de los funcionarios legados por Macri al Soez—, estructurará el fuero federal para los próximos 25 años. La percepción es compartida tanto por magistrados premiados por Mahiques y el cortesano Horacio Rosatti, como por quienes quedaron segregados.
Las terminales del ministro no se acaban en los Menem y los Milei —también están la AFA, el establishment del fuero y cierto kirchnerismo—, pero la lectura en Comodoro Py es que las designaciones despejarán el frente judicial para la cúpula gobernante en el corto plazo. Javier y Karina Milei corroborarán en algunos años del grado de lealtad de su ministro.
El Presidente y sus sucesivos ministros de Exteriores, Diana Mondino, Gerardo Werthein y Pablo Quirno, eligieron el seguimiento pavloviano de Estados Unidos e Israel —más precisamente, de Donald Trump y Benjamín Netanyahu—, a diferencia de la política internacional de Macri, marcada por una alineamiento nítido con Washington en la agenda de América Latina, pero sin resignar una intención de multipolaridad en otros temas.
En cuanto a Malvinas, las administraciones de Cambiemos y La Libertad Avanza tocaron la misma sintonía hasta la semana pasada. La estrategia de acercamiento a Londres y relegamiento de la agenda Malvinas, con algún condimento de fascinación por el contacto diplomático, dio paso e 2016 al famoso pacto entre el vicencanciller Carlos Foradori y el ministro Alan Duncan, acordado por el primero en estado de ebriedad a altas horas de la noche en una cava de la Embajada de Londres en Recoleta, según narró el segundo en un libro.
Milei siguió por esa línea e incluso fue más allá. Alabó a Margaret Thatcher por sus reformas económicas y su liderazgo político, y puso un retrato de la primera ministra conservadora en su despacho en Casa Rosada. Así es la simbología de la ultraderecha gobernante: un día juega con retórica e iconografía nazi, otro asume la narrativa sobre los desaparecidos de Emilio Massera, y al siguiente expresa admiración por una británica acusada de un crimen de guerra contra soldados argentinos, además de aliada de Augusto Pinochet.
El 2 de abril del año pasado, Milei puso en palabras lo que el entorno intelectual macrista había insinuado antes: 'Si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros dejamos en claro que el voto más importante de todos es el que se hace por los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros'. Con esa expresión trillada e irreflexiva, el Presidente argentino dio entidad a la voluntad de la población implantada por la potencia ocupante, algo totalmente contrario al interés nacional y el mandato constitucional.
Milei anunció un giro de 180 grados en su abordaje de Malvinas en una cadena nacional de días atrás. Actuó impulsado por par de respuestas al paso de su amigo Trump, en plena pulseada con Londres para lograr mayor implicación militar en la fallida guerra de Irán. El republicano quiere compartir el gasto de su aventura en el estrecho de Ormuz, y encontró en Malvinas una herramienta para torcer la voluntad del laborista británico Andy Burnham. Dados los antecedentes, el ardid de Trump puede profundizarse o esfumarse mañana.
En los hechos, Milei se anotició de que una ley vigente desde 2011 impone sanciones a empresas que intervengan en la explotación offshore de las aguas circundantes de Malvinas. La británica Rockhopper y la israelí Navitas se aprestan a iniciar el proyecto Sea Lion en la cuenca Malvinas Norte, con meta de producción en 2028. Una obstrucción decidida de Argentina de la prestación de servicios y el vínculo logístico con Chile podría frustrar el intento.
Otro capítulo que Milei no sólo desatendió, sino que combatió desde que asumió, fue la construcción de una base naval y logística integrada en Tierra del Fuego. La obra fue entregada con un avance de 10% por el gobierno de Alberto Fernández. Desde entonces, como toda la obra pública, quedó paralizada. Recién ahora el Ejecutivo habilitó fondos para continuar la construcción.
El presidente argentino debe sortear un problema de cara a la reelección, meta ineludible a la hora de encontrar explicaciones al manotazo Malvinas.
Luis Caputo anunció en abril que se vendrían los mejores 18 meses de la historia, pero desde entonces se profundizó la recesión en las actividades que emplean a la gran mayoría de los trabajadores: industria, construcción, comercio y Estado.
Milei, que cada tanto hace filtrar a través de sus voceros del periodismo que pondrá en pausa sus agresiones procaces, apareció en los últimos meses en un chapoteo discursivo interminable de 'mierdas', 'soretes' y 'basuras inmundas'. Los casos de probable corrupción de José Luis Espert, Manuel Adorni, ANDIS y $LIBRA mostraron el verdadero rostro de outsiders que llegaron a combatir a 'los chorros de los políticos'.
Ni los economistas más optimistas —que abundan— se animan a pronosticar meses inmediatos de gran crecimiento y expansión del poder adquisitivo de los hogares. Si todo sale bien, Milei podrá mostrar en el camino una inflación entre 1% y 2%, dólar bajo y controlado, y auge del agronegocio y Vaca Muerta, que empuje un crecimiento nominal del PBI.
Dado el problemático activo con el que cuentan los Hermanos para la carrera electoral, Malvinas puede ser una vía para dotarse de una narrativa. ¿Sirve? ¿Dura?
A los efectos prácticos, nada cambia en las herramientas de la política argentina sobre Malvinas. Milei y Santiago Caputo trataran de avivar su repentino malvinismo con artilugios y ruido en redes. Alerta: hay gurúes gastados y uno de ellos se encuentra detenido en Bolivia. En el gobierno afinan proyectos legislativos y diseñan una puesta en escena que convoque a los gobernadores, con el objetivo ulterior de incomodar a Axel Kicillof.
Las pantallas de los canales de noticias oficialistas entraron en éxtasis al finalizar la cadena presidencial del jueves. Sus presentadores repasaban letra por letra el texto monocorde de Milei como si hubiera sido una pieza de Julio César en las Galias.
Se registró incluso alguna sobreestimación de las palabras de Milei en pantallas no enroladas con el gobierno. En equívoca veneración, opositores destacaron una supuesta sagacidad del mandatario al 'subirse' a la causa Malvinas, sin sopesar ningún contexto, y omitieron el rasgo xenófobo que atribuyó una supuesta 'decadencia' del Reino Unido a la inmigración, en sintonía con la derecha supremacista británica.
Como antecedente, los gobiernos de Raúl Alfonsín, los Kirchner y Alberto Fernández reivindicaron en forma más solvente el derecho legítimo en tribunas nacionales e internacionales, sin caer en insinuaciones militaristas con las que se tentó Milei en redes sociales.
Por sobre todo, se destacaron aliados de Milei para todo servicio. Si hay que exhibir desprecio cínico de esas lejanas islas, los incondicionales dicen presente, y si hay que quemar la Union Jack, también.
El ejemplo más cómico fue el de la diputada Sabrina Ajmechet, transportada desde el ala 'liberal' del macrismo a la fe esotérica del mileismo. Ajmechet emitió parrafadas en X bajo la consigna 'las Malvinas son argentinas'. 'Estoy', se alisto. 'Vengan de a uno con mis tuits de 2012 absolutamente sacados de contexto', se atajó.
Fueron de a uno y le recordaron una multitud de posteos socarrones de 2012 ('las Falkland Islands son de los kelpers', 'las MALVINAS no son ni NUNCA fueron argentinas'), 2015 ('la creencia de que las Malvinas son argentinas es irracional') y 2020 ('no hay ninguno que crea que hay que soltar y dejarles las Malvinas a los falklanders').
Con estas armas y estos soldados, Milei se prepara para la batalla electoral de 2027.
SL
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