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ERICK R. TORRICO VILLANUEVA

La debilidad democrática en la hora de la renovación

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El gobierno electo en 2025, que tenía como misión implícita y prioritaria la recomposición general del estado de cosas en el país, está cada vez más compelido a intentar resolver su propia composición interna en el escenario general de una debilitada democracia. A diez meses de su asunción, las señales que muestra de pérdida de legitimidad, limitada eficiencia, falta de norte, vacilación y endeblez estructural son altamente preocupantes. Era claro que no había mucho que esperar de una candidatura armada a última hora, sostenida por una sigla partidaria sin base orgánica ni experiencia efectiva en la función pública, con un plan de gobierno de 15 páginas, carente hasta donde se ve de cuadros políticos serios y deudora del gris respaldo de quienes ansiaban asegurarse la continuidad de los beneficios de su veinteañera adhesión a la retórica de la pachama-mística. Sin embargo, los datos mostraron que 54,96% de los electores en la segunda vuelta presidencial le otorgaron su confianza y le corresponde, entonces, encarar las metas que el curso histórico le hubo prefijado; todavía puede hacerlo. Es obvio que la tarea que los gobernantes elegidos tenían ante sí no era nada fácil, pues el tan fraudulento como extendido esquema del llamado Movimiento al Socialismo (MAS), además de llevar la economía nacional al fracaso, propició una profunda desinstitucionalización del Estado y una aguda fragmentación polarizada de la sociedad. Por tanto, lo que se requiere arreglar es simplemente todo. La democracia estuvo en condición de suspensión al menos desde 2016, cuando fueron desconocidos los resultados del referendo que rechazó las pretensiones de prorroguismo indefinido que enarboló el masismo. Pero ya se encontraba severamente dañada por la intolerancia que ese grupo cultivó y alimentó sobre todo desde 2009 con su estrecha mentalidad etnocéntrica, sin siquiera sonrojarse por negar con ella hasta los presuntos contenidos de la 'plurinacionalidad' que también dijo abanderar. Así, economía, Estado, sociedad y régimen político se debatían en un estado crítico que la ciudadanía tenía la expectativa de que un gobierno de nuevo cuño contribuiría a superar. Ya se había tenido suficiente paciencia, por cuanto tras el derrumbe del MAS en 2019 se abrió una fase de transición que no debió haberse prolongado por más de dos gestiones gubernamentales. La realidad de los hechos, empero, ha sido, está siendo, diferente, cruda y poco alentadora. A la fecha, los acontecimientos sugieren que se requerirá un lapso mayor para que el tiempo transicional pueda orientarse hacia una reconducción consistente y duradera, sin que de todas formas sea descartable su eventual bloqueo por la amenaza de regresión al autoritarismo que representan quienes se mantienen agazapados no solo en la zona cocalera del Chapare y en parte del territorio altiplánico, sino en el interior del propio aparato estatal. Pero, ¿qué es lo que pasa?, ¿por qué no avanza el proceso de concreción del diseño y las acciones que la reestructuración estatal y societal necesita? Sucede, evidentemente, que la transición está aún falta de visión ordenadora, de liderazgo y de fuerza social cohesionadora, aparte de que el sistema democrático mismo tampoco consiguió reponerse de la neutralización o, en algunos casos, tácita anulación a que fueron llevados sus principios básicos (pluralismo, participación, transparencia, legalidad, representación, alternancia, legitimidad). La etapa presente patentiza la situación de precariedad en que por años se halla la condición democrática del país, circunstancia que la ciudadanía, a la par que los actores políticos y sociales comprometidos, deben evaluar en sus diferentes alcances en previsión de que una nueva acumulación de males la empuje a un agotamiento con desenlace incierto. De todos modos, la oportunidad del cambio de ciclo continúa abierta, por ahora. Hace más de cuatro décadas que Bolivia viene apostando por la democracia, incluso con su resistencia pacífica, como quedó demostrado durante los irracionales bloqueos de mayo y junio pasados. Urge, pues, remontar la flaqueza democrática para que el comienzo real de la renovación pueda concretarse en el actual momento de disponibilidad histórica. El autor es especialista en comunicación y análisis político
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