Mientras surfeo el dilema entre lo que se debe y no se debe hacer en este momento con nuestra relación con Marruecos –tan sucia y enferma desde hace tanto tiempo–, mientras lo único que tengo claro es que hay que atender de una vez por todas a los migrantes que siguen abandonados en Ceuta y así atenderemos a la ciudad entera, mientras sigo escuchando en mi cabeza los ecos del trascendente debate parlamentario de la semana pasada sobre lo allí ocurrido, Mi vida en la Carretera –las memorias de Gloria Steinem– me miran y me dicen cosas.
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Steinem, una de las principales activistas por los derechos de las mujeres en Estados Unidos, alguien que vio e hizo que todo cambiara, murió el miércoles pasado en su casa de Nueva York a los 92 años, un día antes de que Aina Vidal, la portavoz de Sumar, se subiera al estrado de nuestro Congreso de los Diputados para clavar en diez minutos brillantes la perplejidad y el enfado monumental de cualquier votante de izquierdas.
Sus ideas, su tono y sus formas nos representaron a much@s. Supo medir sus palabras, sus gestos y su cabreo con unos y con otros, consciente de que era un discurso importante y de que gobernar es más difícil que eso. Pero, aun así, dijo lo que pensamos y sentimos, aun sabiendo eso. Radiografió este momento, incluida la 'Europa cada vez más nazi', incluido el peligro para este Gobierno y para esta democracia con tantos enemigos e intereses en contra. Simplemente dio a cada uno lo suyo.
Para empezar le reclamó a Pedro Sánchez que defienda y ejerza los derechos de miles de niños y niñas que están esperando en Ceuta, como le ha exigido la ministra de Infancia, Sira Rego, 'todo el verano'.
Humanizó a estos presuntos invasores, poniéndoles la cara colorada a los que atacan o abandonan a indefensos. Son per-so-nas, dijo despacio, silabeando todo lo que eso significa, destrozando moralmente a quienes se atreven a llamar a cazarlos.
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Llamó a Vox y PP 'panda de racistas, pirómanos, traficantes de odio'. '¿Hasta dónde quieren llegar? ¿Hasta que maten a alguien?', les preguntó. 'Hay que ser desgraciados, yo no me voy de aquí sin decirlo'. Que van de patriotas haciendo cada vez más grande la bandera y los problemas, en lugar de hacerse cargo del que tiene Ceuta, por ejemplo. Llame a sus presidentes autonómicos y dígales que acojan a los menores que no puede acoger Vivas, sugirió a Feijoo, recordándole el enorme poder que ya tiene y no utiliza.
Todas esas per-so-nas han sido abandonadas a la intemperie durante más de un mes a base de agua y bocadillos –que algunos quisieron que no les llegaran al grito de España, España–.
En junio de 2018, recién llegado al Gobierno, Pedro Sánchez acogió al Aquarius cargado con 629 inmigrantes irregulares rescatados en el mar, tras la negativa a recibirlos de otros gobiernos. El suyo empezó dando puerto a ese barco que otros rechazaban. Esta vez ha estado aquí más de un mes sin dar ni tiendas de campaña a miles de personas. No se puede ser a la vez salvador –en Gaza– y abandonador –en Ceuta– sin perder credibilidad. Presidente, su imagen de héroe se resquebraja. El pragmatismo casa mal con su leyenda. Sí, en este tiempo otros 3.500 cruzaron la frontera de vuelta pero ¿a qué precio? Sí, gobernar es más difícil que hablar.
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Esto no lo dijo Aina Vidal. Fue más elegante y constructiva. Se limitó a recordarle al presidente 'lo importante que es que este Gobierno realmente funcione y que valga la pena'. Y también, que 'la política de apaciguamiento de Marruecos ha fracasado'.
Llevamos toda la democracia practicándola. La Unión Europea se sumó a nuestra estrategia hace ya más de una década. Tod@s hemos jugado hasta ahora a contentarlo para que siga prestando sus sucios servicios. Le entregamos la llave de la inmigración subsahariana y la lucha contra el terrorismo yihadista, como sea. Es hora de preguntarse, ahora que Mohamed VI, 'un dictador sin escrúpulos', está envalentonado por el apoyo de Trump y Netanyahu y por la nueva coyuntura geopolítica, si le hemos entregado demasiado y cómo y cuándo arreglarlo, teniendo en cuenta nuestra soledad en todos los sentidos, añado.
'Ha llegado el momento de recuperar el derecho internacional también para el pueblo saharaui', reclamó rotunda. El próximo jueves se vota en el pleno del congreso, por iniciativa de Sumar, si le devolvemos la nacionalidad española a todos esos saharauis que fueron tan españoles hasta que en 1976 Juan Carlos I entregó la que fue nuestra provincia 53 a su amigo Hasan II.
El anhelado referéndum de autodeterminación de los saharauis, cuyas condiciones se volverán a revisar este otoño, se votará en el pleno de la Asamblea General antes de 2027. Habrá que ver cómo se reposiciona o no este Gobierno. Habrá que calibrar a qué precio.
Pero todo eso será después. Ahora hay que gestionar a unos miles de personas. Hay que registrarlas, escucharlas e investigar y contrastar sus relatos para decidir si tienen derecho a quedarse o tienen que volver por donde han venido, con la colaboración de quien está al otro lado de la valla.
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Para acabar este artículo vuelvo a pensar en la gran Gloria que creía más en la comunidad que en los individuos, en decir lo que se cree aunque eso traiga problemas, en atreverse a pensar por una misma, en que la gente te quiere cuando los escuchas y los ves y les hablas tanto con la cabeza como con el corazón y las tripas.
Así que: ¿por qué no puede ser Aina Vidal la candidata que la izquierda necesita? Acaba de demostrarnos sus méritos. Es muy querida y respetada en su grupo parlamentario; trabajadora, sencilla e inteligente; ni siquiera ha insinuado que quiera el puesto. Esto es cosa mía –aunque no creo ser la única que lo ha pensado–. El plazo de la indeterminación para la izquierda se agota. Y, aunque no sabemos si quiere, es de las supervivientes que saben que la vida es solo ahora y que vive con todas sus ganas pase lo que pase mañana.
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No está en las quinielas pero debería. No está en sus planes, pero ojalá sus planes puedan cambiar. Los mentideros dicen que no fue la portavoz más visible de Sumar porque había quién le tenía miedo a su sombra. Más que mala sombra lo que parece tener es capacidad y mérito y acaba de darnos un fogonazo de liderazgo inesperado.
La razón sin emoción es solo IA. Aina piensa y siente y con eso junto hace política. Tal vez haya encontrado una vía por explorar, tal vez esa sea la carretera que toca, ¿la que abra un camino a la esperanza tan esquiva como necesaria?
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