La frase no es mía. Aunque pueda compartirla, debo reconocer que me la espetó este viernes un histórico político de Carboneras. No diré si sigue en activo o ya pasó a la retaguardia, como aparentemente hiciera el exalcalde Cristóbal Fernández, pero este epigrama define a la perfección una situación insostenible. Cuando parecía que la historia interminable del hotel del Algarrobico no iba a tener más capítulos a falta del desenlace que llegará cuando metan la pala, aparece el que fuera regidor de la localidad durante casi treinta años, el que ya en los noventa hiciera posible la planificación urbanística del sector y concediera la licencia municipal de obras el 13 de enero de 2003, y advierte al actual alcalde de que prepara una querella por prevaricación por la reciente anulación en pleno de esta autorización que nunca se debería haber concedido. Y entra en escena como líder de una plataforma por la conservación del patrimonio cultural, histórico, territorial y medioambiental de Carboneras para esgrimir que la revisión de la licencia no se debería aprobar sin informe económico y jurídico. El mismo argumento que desde la política emplearon los ediles que votaron en contra, entre ellos su sobrino, al que apartaron del PSOE con el que fue alcalde y portavoz en la oposición, por saltarse todas las líneas rojas. Después de más de veinte años de sentencias en todas las instancias y con un dictamen último del Consejo Consultivo de Andalucía en el que se urge al consistorio a anular la licencia municipal con apercibimiento por los retrasos al alcalde y amenaza incluso de un posible delito de desobediencia, los informes carecen de sentido. La autorización es nula de pleno derecho a pesar de las pataletas de los dos exalcaldes socialistas y de otro que lo fue con el PP, Felipe Cayuela. son las tres impugnaciones que se han presentado, unidas a la de la promotora Azata del Sol para obstaculizar el derribo de la mole de hormigón de 411 habitaciones y 21 plantas que se convirtiera en el mayor símbolo de la destrucción del litoral mediterráneo. La licencia de obras es nula por dos razones fundamentales que todos conocen ya a estas alturas: el hotel se construyó en suelo no urbanizable protegido del parque natural y afectaba a la servidumbre de protección de costas. Así lo determinan todos las sentencias del laberinto judicial que encara su recta final. Y la resistencia de uno de sus precursores, que ahora se ha erigido en defensor del medio ambiente, no deja de ser un chiste de mal gusto. Éramos pocos y parió Cristóbal...
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