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Museo del Compromiso

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Me dicen en la Tertulia Genarín: «Qué suerte, como no tenemos Museo no nos pueden robar como en otros sitios». Se refieren al Museo del Compromiso. Reclamarlo por mi parte forma parte de una de las rutinas de todos los veranos. Cada vez que se pone de moda hablar de la necesidad de «pacto de gobierno» aluden los inteligentes al Compromiso de Caspe. Cada vez que una guerra, ¡otra más!, asoma por los editoriales se recuerda el diálogo y sensatez demostrado en el siglo XV con el Compromiso de Caspe. Cada día que sale a la palestra el conflicto catalán, algún historiador informado se acuerda del Compromiso de Caspe. Incluso en las infumables tertulias televisivas o radiofónicas sale el listo de turno recordando… pues eso. Nos guste más a algunos, o menos a algún ignorante ideológicamente perturbado (me han llegado a decir que promocionarlo era «franquista»), el acontecimiento histórico de 1412 es seña de identidad de la Ciudad de Caspe, y es un valor universal a presumir. Hace mal mi pueblo cuando se entretiene solo con temas menores sin poner la vista estratégicamente en un futuro que si no lo recomponemos se diluye con los nuevos residentes. Necesita Caspe algún proyecto colectivo que genere ilusión y cohesión. Quizá, por ejemplo, elevar el prestigio de la Ciudad desde su gloriosa historia medieval. Memoria histórica que no genera roces porque ya han pasado seis siglos de sus hechos y porque su ejemplo sirve para cualquier país, raza, ideología o religión en Aragón, en España o en Europa. El Compromiso es ejemplo de talento para la convivencia, y ahora buena falta nos hace en los tres sitios. Hace 114 años se puso en el entorno de la Colegiata la primera piedra para el Museo del Compromiso. No haber continuado es un fracaso como pueblo, pero habría que liarse la manta a la cabeza (ni cachirulo ni turbante) y habría que pensarlo un poco. Conseguirlo supone mucho trabajo, mucha ilusión y tiempo. Quizá hay que proyectar la inauguración en el 2037, 625 aniversario del evento. Pero emprender cualquier camino, hasta para ir a la Conchinchina, se empieza con un pasito. La Casa de la Rosaleda en la Plaza Aragón o la Casa Tapia en la Plaza del Compromiso, ruinosas y de propiedad privada creo, podrían ser sede del Museo del Compromiso en Caspe. Por ser recuerdo de la envidiable y admirada Corona de Aragón, reconozco que tampoco estaría mal en Alcañiz, Peñíscola o en Santa Coloma de Gramenet. Quizá, ahí, hasta sería financiado por el Gobierno de Aragón y por la Unión Europea. Tiempo al tiempo. Miguel Caballú
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