El origen del emblemático edificio, tildado de neoclásico, del Banco Santander, reconvertido en espacio de arte Faro Santander, hállase documentado a plena satisfacción en amarillentos ... papeles de hace tres cuartos de siglo no exhumados por los tratadistas hasta la fecha.
Desde mi primera aproximación a la Historia del Banco de Santander, allá por los años setenta, guardo en mi archivo particular fotocopia de un documento de inmenso valor historiográfico. Acompaña a su lacónica portada, memoria, un sello estampado en tinta violeta (muy de época) del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Delegación de Santander, 29.12.1951.
Engloba la memoria tres páginas mecanografiadas a doble espacio, timbradas formalmente, con matasellos del 04.01.1952, y sello de indicado Colegio y fecha asimismo indicada. El pie de la tercera página es pata negra: Santander, noviembre de 1951. El Arquitecto.- Javier Riancho (rúbrica legible).
En las fechas que corren, de rigor y conciencia es recordar al gran proyectista. Cuya profesional palabra aúna propósito y método. El móvil que anima el proyecto es «dotar a la ciudad de un soberbio edificio, haciendo de los dos cuerpos de edificación uno solo, enlazándolos con una gran arcada, que sin restar importancia a la calle que los separa, dé al conjunto un carácter monumental comparable a los mejores edificios de las grandes ciudades extranjeras, donde se admiran estos verdaderos arcos triunfales dando acceso a las grandes vías a través de los edificios públicos de otros siglos».
Resalta el autor que la nueva obra se construirá con idénticos materiales y dimensiones de la edificación existente, en aras de la homogeneidad. Y que la arcada de enlace inter-edificios propende a buscar la mayor monumentalidad del conjunto. Ancho total: 11 metros y 30 centímetros, sin restar ni un solo centímetro al arroyo y a las aceras. Con una altura en la clave de más de 14 metros. Lo del arroyo (río de la Pila) y el friso en altorrelieve, quédese para otro día.
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