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Gaspar Maciá

La esencia de la cosa misma

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«¡Viva el munícipe por antonomasia!». Amanece que no es poco (1989), película de José Luis Cuerda. Quedamos en que este verano iba a leerme (en el latín original) la Ética demostrada según el orden geométrico (Ethica ordine geometrico demonstrata, 1677) de Baruch Spinoza, y aunque no lo pudiera parecer, ni un servidor lo hubiera vislumbrado siquiera, esta magna y controvertida obra filosófica ha sido el mejor aliado para soportar las sucesivas olas de calor (las del mar también han venido muy bien) y las insufribles noches tórridas. Valga como ejemplo esta sugerente proposición: "El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma". Una sentencia que, junto a otras muchas más, han sido como brisas de aire acondicionado a 22 grados centígrados mientras los termómetros brincaban los 40 (no descarto releer el libro –esta vez en alemán—, en vista de cómo siguen apretando los calores tardoestivales). Una demostración empírica de esta máxima de Spinoza respecto al esfuerzo, la perseverancia y la esencia de la cosa misma, la tenemos en el arrebatado regreso del alcalde ilicitano, Pablo Ruz, de su retiro espiritual (llámese vacaciones), cual Ulises/Odiseo irrumpiendo en su profanada casa dando buena cuenta de los zafios y gorrones pretendientes de su paciente esposa. (Nota bene: Visto el tocho fílmico de Nolan, me quedo con la versión italiana de 1954 de la epopeya homérica, con un insuperable Kirk Douglas: lo mismo, con la mitad de duración, infinitamente menos presupuesto y sin sonido rompetímpanos; aunque es cuestión de gustos… y de edad, supongo). En vista de que ni el Congreso ni el Senado han sido capaces de solucionar el caos en Ceuta ni revelar las incógnitas subyacentes a la invasión de la ciudad autónoma por tropas alauitas, y de que el Gobierno está sobrepasado, cuando no completamente patidifuso e incluso grogui, Ruz convocó de urgencia un pleno extraordinario, unas horas antes que la multitudinaria concentración de la tarde. El objetivo no era otro que, desde Elche y su milenario palmeral, dar instrucciones al respecto y enviar apoyo moral a los sitiados ceutíes. Un gesto que le honra como ilicitano y español, como el que en su día tuvo en defensa de Felipe VI y la corona española, ante los acechantes peligros que se cernían sobre la monarquía. Ahora había que hacer algo al respecto y él lo ha hecho: nadie le podrá decir a Ruz que no ha ido a la esencia de la cosa misma. Y precisamente esa esencia quedó de manifiesto una vez más en la sesión plenaria, con los concejales todavía sacudiéndose la arena de sus sandalias, el bañador medio mojado bajo sus atuendos institucionales y los rostros enrojecidos. Aunque esto último no quedó claro si era producto de los playeros rayos del sol o a causa de la intensidad del debate. Habrá quien pueda pensar que quizás haber comenzado el último curso de la legislatura con un pleno sobre algún asunto de interés eminentemente local habría sido más adecuado a la esencia misma del Ayuntamiento, y que lo de Ceuta, con una declaración institucional o algo similar, y la subsiguiente concentración ya iba bien. Pero eso es no conocer al alcalde, que desde que fue senador tiene muy presente que Elche es España, como Madrid, y nada de lo que pase en España le es ajeno. Al menos mientras gobierne el "traidor" e "incompetente" Pedro Sánchez. Fue un pleno muy tempranero tras el periodo vacacional, aunque no tanto como el que convocó su mentora y alcaldesa Mercedes Alonso el 29 de agosto de 2014. Tras haber perdido el PP la mayoría absoluta por la fuga de una concejala díscola (Cristina Martínez), tuvo que convocar a regañadientes la sesión extraordinaria solicitada por el PSOE para debatir el estado del municipio (¡en pleno agosto!). Aquella intempestiva sesión cogió tan a traspiés vacacional a sus señorías que faltaron cuatro concejales populares, además del secretario municipal y la interventora. Ahora ha habido pleno en el plenario, pero el resultado ha sido tan inane como el de hace doce años. La diferencia entre aquel pleno y este es que el vocerío, los improperios, las salidas de tono y la variedad y virulencia de los epítetos descalificativos (especialmente los dirigidos por Ruz y su socia Rodil al mortificado presidente del Gobierno, quod erat demonstrandum) han aumentado sensiblemente (y eso que la época de Alonso ya se las traía en nivel de crispación). En cualquier caso, este primer combate les ha puesto las pilas de las dos bancadas y sus señorías no tendrán que ir (de momento) al gimnasio para desentumecer los músculos ni leerse a Spinoza para ejercitar la corteza prefrontal cara al último curso político del mandato. Les vendrá bien, porque si hasta ahora los plenos oscilaban más o menos en estos intensos niveles dialécticos, eso no será nada comparado con lo que está por venir en los próximos meses. La Ilíada y la Odisea juntas parecerán cuentos de Calleja. A pertrecharse. Bien, la cuestión es que cumplido este primer trámite, por lealtad debida al partido y a su empecinado líder (y a España, por supuesto), Ruz ya tiene lista la hoja de ruta para sus últimos nueve meses (por ahora) al frente del Ayuntamiento. Ha presentado su lema de precampaña para sacar pecho de todo lo hecho y por hacer, que es lo que acostumbran los alcaldes de cualquier signo, ideología o preferencia futbolística cuando el mandato entra en su última fase. "Somos lo que hacemos" es la divisa del PP para los próximos meses, hasta la campaña propiamente dicha. Somos lo que hacemos. Vayamos a la etimología del asunto. Aristóteles sostenía que nos hacemos virtuosos mediante nuestros actos, mientras que Mateo (7.16) aseveró que "por sus frutos los conoceréis" y san Agustín sentenció que tus hechos muestran lo que realmente eres. Ahí es donde quiere incidir Ruz, sobre todo en sus reels y vídeos en las redes. Los latinos (de Roma) decían "facta, non verba" ("hechos, no palabras"), lema al que precisamente aludió el alcalde-candidato en la presentación de la precampaña. Más adelante en el tiempo y el espacio, ese espíritu queda expuesto en el refrán castellano "obras son amores, que no buenas razones", documentada ya en el siglo XVI e inmortalizado por el insigne Lope de Vega en el título de una de sus comedias. Una época, la del Siglo de Oro, en la que Ruz probablemente habría estado a sus anchas y sido un bizarro alcalde. De Zalamea, por ejemplo. El lema popular con tanto bagaje histórico-filosófico responde a la idea de que Ruz quiere que el pueblo se entere de todo lo que ha hecho por Elche, incluidos barrios y pedanías ("a lo hecho, pecho") y lo que le queda por hacer de aquí al 23 de mayo de 2027. Conceptos espacio-temporales que se mezclan y confunden, comprensiblemente por la vorágine en que está ya metido el alcalde, y que trabucan deseos y realidades, palabras y hechos. Es normal. Por supuesto, por si alguien no se había dado cuenta a estas alturas, dejó claro que las inversiones realizadas en estos años del bipartito PP-Vox no tienen precedente conocido en la historia de la ciudad desde Illici, y que no se ha hecho tanto ni tan bueno en una legislatura desde, al menos, los tiempos de Diego Maciá. Y lo que queda. Ya dejó escrito Spinoza que todo lo que es, o es en sí, o es en otra cosa. Ese sí que sería un buen lema de precampaña (¿tal vez para Héctor Díez y el PSOE?). Feliz retorno.
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