En un artículo anterior sostuve que sin talento no hay competitividad. La conclusión sigue vigente, pero hoy debemos dar un paso adicional: no basta con ampliar el acceso a la educación superior. El verdadero desafío es convertir esa educación en competencias, productividad y movilidad social.
El Perú ha avanzado de manera significativa en cobertura. En el 2024, el 51% de los jóvenes entre 25 y 34 años había completado educación terciaria, una tasa cercana al promedio de la OCDE y superior a la de varios países de la región. Este avance ha sido impulsado en buena medida por la expansión de la oferta privada. Pero el desafío ya no es solo cuántos acceden, sino cuánto aprenden y qué tan pertinentes son sus competencias.
En este proceso, la universidad privada ha cumplido un papel decisivo. Según un estudio de Apoyo Consultoría para la Federación de Instituciones Privadas de Educación Superior (Fipes), 1,38 millones de estudiantes se forman actualmente en universidades privadas, distribuidas en 224 sedes. El sector concentra el 65% de los docentes universitarios y genera un impacto estimado de S/12.000 millones en el PBI, alrededor del 2% de la economía nacional.
Su contribución también se refleja en la formación de profesionales. Entre el 2012 y el 2023, el número de graduados de las universidades societarias creció a una tasa anual compuesta de 15,95%, frente al 6,13% en las asociativas y 2,57% en las públicas. En el 2024, aproximadamente dos de cada tres egresados universitarios provenían de una institución privada.
Esta expansión tampoco se ha concentrado exclusivamente en Lima. En el 2025, el 53% de los estudiantes universitarios se encontraba en provincias y más del 70% de los estudiantes de la oferta privada pertenecía a los niveles socioeconómicos C, D y E. La universidad privada dejó de ser, para amplios sectores, una opción reservada a las familias de mayores ingresos y se convirtió en una vía de acceso, progreso y movilidad social.
También hay avances en investigación e innovación. El promedio de publicaciones científicas de alta calidad de las universidades societarias pasó de 73 por institución entre el 2013 y el 2017 a 170 entre el 2019 y el 2023. Asimismo, 14 universidades privadas aparecen entre las 20 instituciones líderes del país en investigación, según SCImago IBER. En innovación, las universidades peruanas privadas presentaron 650 solicitudes de patente en el 2025, el 67% del total nacional.
Pero el reto decisivo es la pertinencia. La OCDE advierte que el Perú debe mejorar la conexión entre la educación terciaria y las necesidades del mercado laboral. A ello se suma una señal preocupante: una parte importante de los trabajadores con educación superior se desempeña en ocupaciones que no corresponden con su formación. Tener un título ya no garantiza, por sí solo, empleabilidad ni productividad.
Las empresas, además, enfrentan dificultades crecientes para encontrar talento. Las brechas se concentran especialmente en competencias vinculadas con análisis de datos, tecnología, robótica y automatización. No podemos seguir formando profesionales para una economía que está desapareciendo mientras otra, basada en conocimiento, tecnología e inteligencia artificial, ya está emergiendo.
Por eso necesitamos un nuevo Pacto por el Talento que articule al Estado, universidades, institutos, empresas y regiones. Ese pacto debe colocar tres objetivos en el centro: calidad, pertinencia e innovación. Y debe reconocer nuevas formas de estudiar y trabajar: en el 2025, una parte significativa de la oferta universitaria de pregrado ya era semipresencial o a distancia, impulsada principalmente por el sector privado.
El Perú no necesita escoger entre universidad pública y privada. Necesita aprovechar y elevar la capacidad de ambas. La discusión no debería centrarse en quién educa, sino en cómo conseguimos que todos los actores formen mejor talento, a mayor escala y con mayor impacto.
El país ya avanzó en ampliar el acceso a la educación superior. El siguiente salto es más exigente: convertir educación en talento, y el talento en productividad, movilidad social y competitividad.
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