Que alguien me necesite no significa que me ame. Al menos, así funciona mi mente. Seamos honestas una vez más: dejando a un lado el romanticismo con el que adornamos la vida, alguien puede amarte profundamente y no necesitarte. Y también puede necesitarte… sin amarte.
Hoy quiero defender el derecho a desaparecer unos días. Libre, sin ataduras. Que cada uno sea capaz de vivir su vida, resolver sus cosas y continuar su camino sin buscarme. Quiero unos días en los que mi opinión no sea indispensable, mi presencia no sea esperada y nada de mí haga falta.
¿Notas que solo pido unos días y no una vida entera? Porque, al final, también disfrutamos sentirnos importantes. A veces nos gusta; otras, simplemente nos acostumbramos.
Pero volvamos a la idea principal.
Con demasiada frecuencia confundimos ser necesarias con ser amadas. Creemos que porque nos llaman para resolver, ayudar, sostener o salvar, eso es amor.
No, amiga.
El amor no necesita convertirte en imprescindible para demostrar que existe.
El asunto es que nos enseñaron, casi sin darnos cuenta, a confundirlo todo. Desde muy temprano aprendimos a creer que ayudar es amar y que ser necesarias es la prueba de nuestro valor. Lo trasladamos a la pareja, a los hijos, a los padres y a los amigos, como si el amor siempre tuviera que ir de la mano de la dependencia.
Pero no.
Hoy voto por una mente más clara. Por aprender a separar una cosa de la otra y llamar a cada sentimiento por su verdadero nombre. Porque el amor puede acompañar, sostener y estar presente, sin convertir a nadie en indispensable.
Yo estaré bien si no me necesitas. No te preocupes por mí. No me sentiré ignorada ni menos querida. Al contrario: abrazaré ese tiempo para crear espacios más saludables, donde el amor nazca de la libertad y no de la obligación.
Podemos cambiar nuestra perspectiva y seguir siendo igual de valiosas. No necesitamos vivir con la capa de heroínas ni sentir que nuestro propósito depende de resolver la vida de los demás.
Y, al final, solo dime que me quieres. Dime que me extrañas, que disfrutas mi presencia, que mi ausencia deja un vacío en tu corazón. Pero no me digas que me necesitas.
Porque las necesidades, casi siempre, pertenecen al mundo de lo físico. El amor, en cambio, pertenece al de los sentimientos, la conciencia y la libertad. Y yo prefiero un amor que elige quedarse, no uno que depende de mí para existir.
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