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Jesús Fco. Riaza

Hoy es día de Catorcena

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Para lectores foráneos -porque yo creo que los de la ciudad conocen suficientemente la historia- comenzaré por aclarar qué es eso de la Catorcena. Es una celebración anual que, por turno, celebran catorce parroquias de la ciudad. Siete intramuros: San Miguel, Santísima Trinidad, San Andrés, San Esteban, San Juan Bautista, San Facundo y San Sebastián. Y siete extramuros: San Millán, Santa Eulalia, Sto. Tomás, Santa Columba, San Clemente, San Justo y El Salvador. Como algunas de las parroquias no tienen párroco, otras se han encargado de celebrarlas. Así la de San Esteban la hace la Santísima Trinidad y las de San Clemente y Santa Columba la parroquia de San Millán. Y desde hace unos años, la que se celebraba en San Facundo la realiza la parroquia de San Frutos y la que se celebraba en S. Juan Bautista de los Caballeros la UPA Cristo del Mercado/Sta. Teresa. Fundamentalmente la celebración consiste en un hora de adoración eucarística, misa, una procesión hasta la iglesia del Corpus, cuando es posible, y un cabildo en el que participan los párrocos y sacerdotes de la ciudad, presidido cada año por el que por turno ha celebrado la Catorcena. Los orígenes de la fiesta están en el siglo XV y tienen algo más que un tufillo antisemita y maniqueo. La leyenda, brevemente y con más o menos matices, habla de cómo el sacristán de San Facundo, agobiado por las deudas contraídas con prestamistas judíos, decide ofrecerles una hostia consagrada para que sea profanada a cambio de la condonación de su deuda. Llegados al acuerdo, la hostia facilitada por el sacristán es echada a un caldero con agua o aceite hirviendo pero esta no cae, levita y sale volando por una abertura de la sala hasta depositarse plácidamente junto al sagrario del que se había extraído. La historia se sitúa en 1410 y desde entonces, como desagravio a la frustrada profanación y consiguiente milagro, catorce parroquias de la ciudad decidieron turnarse para celebrar cada año, el primer domingo de septiembre, una fiesta que tuviera como motivo la exaltación de la Eucaristía. Y eso se ha mantenido, con más o menos brillantez, durante estos seiscientos dieciséis años. Hubo épocas en las que la fiesta de la Catorcena era célebre en toda la ciudad, con bailes y toros, y las parroquias aprovechaban para hacer reformas en las iglesias. De eso hace ya tiempo y el caso es que cayó en una decadencia que estuvo a punto de hacerla desaparecer entre otras cosas porque de algunas de las parroquias originales solo queda el templo y de otras solo el recuerdo del lugar donde estuvieron, como San Facundo o Santa Columba. Gracias a sus parroquias vecinas que asumieron la celebración no se perdió y en su memoria se siguieron celebrando. Con frecuencia los párrocos nos hemos planteado si merecía la pena mantener una tradición que tiene unos orígenes tan oscuros y tan poco evangélicos. Si en su origen había odio y discriminación, parecía razonable relegarla al olvido. Pero si esas eran buenas razones para suspenderla, no dejaba de ser una forma de recordarnos que sucesos así no se pueden volver a repetir. Por otra parte, aunque la gente recuerde ese origen, ya nadie da credibilidad a tal suceso y que lo que ha prevalecido a lo largo de los siglos no ha sido ese carácter anti judío, sino la veneración y adoración de la Eucaristía como signo integrador. Todos los párrocos estamos de acuerdo en que la Catorcena tiene que tener un sentido espiritual, ser signo, en la ciudad, de la fe que ha conformado nuestra cultura y apuesta decidida por el diálogo y el entendimiento. Por eso los actos que las parroquias han llevado a cabo, como se puede comprobar en el libro de actas, están relacionadas con el culto eucarístico, gestos de caridad, actividades culturales y un ambiente festivo. Quizás no estaría mal añadirle una petición de perdón a la comunidad judía que víctima de tal atropello. Hace unos años, David San Juan, hizo un buen trabajo de lectura y revisión de ese libro de actas. Esta tarde, con la adoración ante el Santísimo y el cabildo de párrocos, culminará la celebración de la Catorcena de San Sebastián. Durante años, la parroquia de la Santísima Trinidad ha mantenido la celebración en esta iglesia, que ya no es parroquia, y que carece de feligresía. En esta ocasión, el Arciprestazgo de la ciudad, para mantener la tradición heredada durante siglos, ha tomado el relevo, contando con la colaboración de muchas personas: los miembros de la Hermandad del Rocío, que desde hace unos años celebra allí su culto; fieles de otras Cofradías como Ademar y la Banda de Cornetas y Tambores de San Andrés; el coro Taller Gregoriano, que tendrá hoy la parte musical de la Eucaristía; Fernando Hidalgo y Enrique Gutiérrez y Maite Crespo que ofrecieron el viernes un concierto con textos de San Juan de la Cruz y otras muchas personas que, desinteresadamente, nos han ayudado a sacarla adelante y a las que doy las gracias desde estas líneas. Larga vida a la Catorcena para que nos recuerde sucesos lamentables y nos ayude no solo a no repetirlos, sino a construir desde ellos un futuro de entendimiento y respeto. _______ Jesús Francisco Riaza: Consiliario de Cáritas Segovia.
Hoy es día de Catorcena
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