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Juan Alfonso Santamaría

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Hace unos meses, llegó a mi bloque un nuevo vecino. Justo antes, noté el ruido de los obreros. Pensé que era la típica reforma que se hace para ponerlo todo a salvo del desgaste que dejaron los anteriores inquilinos. Pero aquella mañana, estaban dedicados específicamente al baño. Pregunté entonces cuánto iba a durar por aquello de teletrabajar sin mucho follón y entonces me contaron que venía un chico con necesidades específicas y especiales de movilidad. Pasados unos días, llegó mi nuevo vecino de abajo. Venía en silla de ruedas y era muy amable. Se le notaba en la voz que algo se iba apagando, pero saludaba y sonreía cuando veía a mi perro salir al portal. Siempre iba acompañado de alguien de su familia y de un par de chicos latinos que empujaban la silla. Cruzaban al parque y ahí estaban un buen rato. Luego supe que le encantaba notar el sol y los árboles y el canto de los pájaros. Se fue deteriorando muy rápido. Empezó a no poder hablar. Un día apareció con un respirador. Y ya no podía levantar la mano para saludarme, pero siempre había un gesto que te hacía notar un «buenos días» sin palabras y una sonrisa en sus ojos. Tenía ELA. Este jueves supe que era médico en un pueblo de Toledo. Que se vino a vivir al bloque porque, desde la ventana, se veía todo verde. En esa misma ventana había flores ayer. Flores y unos dibujos pegados al cristal con las siluetas de él y de su familia. Mi vecino se fue el jueves a un hospital y el viernes se marchó. Pidió que no se le alargara más el sufrimiento, que no quería agujerear su cuerpo buscando prolongar una vida con la que ya no podía. Donó todos sus órganos y se apagó. Me hubiera gustado decirle a mi vecino que no importa que hay gente que no pasa inadvertida a pesar del silencio. Que su amabilidad llenaba la calle. Que su tranquilidad, su quietud, su pausa mientras miraba los árboles era todo lo que está bien en el mundo. Que no disimulaba ni un poquito su serenidad. Ni su paz. Que irse así es un acto de generosidad y amor hacia los suyos. Y que, algún día, podrán entenderlo.
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