El jueves 3 de septiembre fue un día multifacético para el actual presidente argentino. En la mañana viajó a Santiago para participar de una reunión del llamado Foro Madrid, alianza de partidos de derecha y de ultraderecha promovida por el partido español VOX. Se trata de un espacio que ya lleva varios años funcionando y que agrupa a organizaciones del perfil del húngaro Orbán y del movimiento MAGA, que impulsó la candidatura de Donald Trump.
El mandatario argentino, haciendo gala de su estridencia, también demostró a plenitud su universo ideológico. En su visión, el mundo se divide entre el Mal (representado por los que el llama 'zurdos mugrosos') y los partidarios de 'la libertad', donde se ubica. Estamos en democracia, la libertad de pensamiento está consagrada, pero algunos piensan que solo ellos pueden ejercerla y que es necesario extirpar el cáncer del rojerío. No es original, el general Gustavo Leigh, integrante de la Junta Militar que gobernó con Pinochet, usaba similar expresión.
Usando un lenguaje de la Guerra Fría (conflicto que se acabó hace 40 años), el presidente argentino hace gala de su escaso conocimiento histórico y de su elevado ideologismo. Para él, el presidente Allende era 'comunista'. Desconoce que el compañero presidente fue fundador del Partido Socialista de Chile y fue elegido democráticamente. No solo eso, en los mil días de la Unidad Popular no se cerró ningún diario, no se torturó a nadie, se respetó a todos los partidos políticos, no existieron exiliados. Desconociendo todo ello, Milei hace un elogio del derrocamiento del presidente constitucional y alaba los años de la dictadura.
Por supuesto, todo su discurso está plagado de ofensas e insultos a los que tiene acostumbrado al pueblo argentino. Discurso maniqueo y fomentador de la polarización y el odio. Poseedor exclusivo de la verdad y del conocimiento.
Comprensiblemente defiende su obra, que la presenta como un sendero luminoso rumbo a transformar a Argentina en una potencia. Pero la realidad y la opinión mayoritaria de los argentinos se topan con ese ideologismo recalcitrante. Prometió terminar con los privilegios de la 'casta' y muchos de sus colaboradores han sido sorprendidos gozando de ellos, donde el caso Adorni es el más reciente. Según las encuestas recientes, el Gobierno de Milei y su partido se transformaron en otro elemento más de 'la casta' que tanto condenó en su campaña. Esto pega en especial en la juventud que votó al inicio por Milei.
El inicio de la campaña electoral
Al presidente Milei el sol empezó a pegarle en la espalda. Después de tres años de gobierno, deberá enfrentar el veredicto ciudadano el 24 de octubre del próximo año. Para nadie es un misterio que aspira a la reelección. Pero su popularidad ha ido en descenso, no dramático, pero sostenido. Una media de las últimas encuestas lo ubica en torno a un tercio de aprobación. Con eso no gana, pero sí puede pasar a segunda vuelta.
Por ello, parte importante de la estrategia oficialista es eliminar las primarias (las PASO, como las llaman los argentinos: primarias amplias, simultáneas y obligatorias).
La receta se probó en Perú recientemente –sin primarias se presentan decenas de candidatos– y asi Keiko, en medio de 35 candidatos, obtuvo el 17% de lo votos, suficientes para pasar a segunda vuelta en primer lugar. El resto lo conocemos. Milei tiene hoy mucho más que eso, y sin PASO la oposición se pulverizaría en muchas candidaturas. Se requiere aprobación parlamentaria, pero en ese frente el oficialismo tiene manija.
En contra, al oficialismo argentino le compite su desempeño. Milei anunció un ajuste profundo, advirtió que iba a ser duro, pero que al final Argentina se recuperaría y sería potencia mundial. Para ello, colocó en el primer lugar de su gestión la economía, el combate a la inflación, el recorte al gasto público, el fin de los subsidios, el cierre de ministerios y echó a andar la motosierra.
La economía argentina sufrió un freno, la demanda global se redujo, aumentó el desempleo y la pobreza, pero bajó la inflación. La Casa Rosada culpaba de todo a la casta (cualquier parecido con la realidad nacional es pura coincidencia). El demonio del populismo de la era K era el culpable. Puede ser, dirán algunos, pero eso no explica por qué la economía no crece.
Alto, dicen en el Gobierno argentino, hay sectores de la economía que están creciendo: la exportación de energía provocada por la activación de la central de Vaca Muerta, hay prometedores planes para la minería, subexplotada en el lado este de la cordillera, a diferencia del lado chileno. Sumado esto a la tradicional exportación de carne y soja, por primera vez en mucho tiempo la economía argentina empieza a generar abundancia de dólares.
Así y todo, el Gobierno no deja flotar el peso, que hoy se yergue a más de 1500 por dólar (a inicios de 2024 el dólar blue estaba a 1100 pesos aprox., y el oficial en cerca de 800).
La inflación anualizada de agosto 2025 a agosto 2026 alcanzó 36%, mientras que la inflación del mes de agosto llegó a poco más del 2%. Argentina logró salvar de la hiperinflación, pero a costa de una reducción sustantiva de su gasto público, no solo sueldos, sino también obras de infraestructura y de disminución de sus servicios. Todo acompañado por una pobreza que alcanza a la mitad de la población y de un proceso que viene de antes: la reducción de su extendida clase media.
En términos estructurales, la economía argentina vive un claro proceso de reprimarización. Su agricultura, su ganadería y mañana su minería serán el fuerte de su producción. La industria manufacturera transandina se apaga con la apertura de mercados. Mientras la tónica de las economías pujantes del Asia reitera que la industrialización, el desarrollo tecnológico y la inversión en recursos humanos son claves para el desarrollo, Argentina cada día más avanza hacia una economía principalmente extractivista.
La Casa Rosada se molesta porque la sociedad mayoritariamente no la apoya, si logró controlar al menos parcialmente la inflación. No advierte el costo social. Buscando explicaciones, el presidente Milei pareciera encontrarlas en actores concretos: los culpables de esta incomprensión serían los periodistas, los medios, a los cuales insulta despiadadamente. Por cierto, también sería culpa de 'los zurdos', los 'kukas' como los denuesta, y de allí nacería la necesidad de dar la 'batalla cultural', como lo representa su discurso en el Foro Madrid que recientemente se reunió en Santiago, el pasado jueves 3 de septiembre.
El giro patriótico
Ese mismo día jueves, el mandatario Milei acudió por primera vez a La Moneda a saludar al Presidente Kast –pese a haber visitado anteriormente varias veces Santiago, nunca había saludado al dueño de casa–. El tema principal del encuentro eran los roces por el estrecho de Magallanes, sobre lo cual harto se ha dicho.
Terminada la reunión presidencial, Milei regresó raudamente a Buenos Aires, dado que había anunciado que esa noche dirigiría un mensaje a la nación. Así fue, y correctamente vestido y peinado, leyendo un mensaje preparado cuidadosamente, asumió los contornos de un estadista. El tema central fue un conjunto de medidas destinadas a poner en marcha un nuevo esfuerzo por recuperar las islas Malvinas.
Con tono churchiliano, convocó a toda la nación a una tarea sagrada: la recuperación de la soberanía del archipiélago. Señaló que era un deber patriótico, por encima de diferencias políticas o de cualquier tipo. Buscó llegar a una de las aspiraciones más trasversales de la sociedad argentina. Digamos, con respeto, que la causa de Malvinas es una aspiración, un sentimiento de lo más profundo del pueblo argentino.
El mensaje presidencial anunció diversas medidas, algunas de las cuales ya habían sido puestas a andar por gobiernos anteriores, como los planes de una Base en Tierra del Fuego, que se paralizaron por la reducción presupuestaria del actual mandato al iniciar su periodo. Eso lleva a preguntarse: ¿por qué un Gobierno, después de tres años de gestión en la que el tema Malvinas no estuvo en sus prioridades, ahora lo coloca en su norte inmediato?
Muchos analistas transandinos coinciden en una versión: porque estamos entrando al año electoral. Fue el lanzamiento soterrado de la candidatura de Milei para su reelección. Consciente de su débil popularidad, el oficialismo habría recurrido a un viejo truco político: el populismo nacionalista. En este caso, envolverse en la bandera de Malvinas.
Contrasta que el mismo personaje, en la mañana, discursea denostando a los 'rojos mugrosos', al periodismo mentiroso, a todos aquellos contra los cuales hay que dar una 'batalla cultural' (cuando en su lenguaje en su país llega a calificar de 'mierdas humanas' –perdón al lector– a sus opositores), ese mismo personaje, haciendo gala de una gran disociación en su mensaje a la nación pocas después, los convoca a la unidad nacional tras un fin superior.
La Casa Rosada lanzó la candidatura, y trata de capturar la 'agenda de la soberanía'. Nada original podríamos decir; en América Latina tenemos muchos casos similares.
El general Galtieri hizo lo mismo, pensó que podía acallar la protesta social y política del pueblo argentino contra la dictadura con la ocupación del archipiélago. Todo ello en 1982. Cientos de jóvenes argentinos pagaron con sus vidas los errores de conducción estratégicos, la ausencia de diseño político diplomático y la pésima conducción de la Junta y del general Menéndez en especial.
Aclaremos, hoy no hay condiciones para un conflicto. Pero sí es posible usar la retórica. Es lo que pensó el general Galtieri, que ocuparía las islas, los ingleses no reaccionarían y Estados Unidos apoyaría a Argentina.
Nuevamente, se reitera que en América Latina la eternidad es muy breve. Y lo más seguro es quién sabe.
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