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Asensio López

Oro verde a precio de hojalata (*opinión de Asensio López)

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Cuando hablamos de oro verde o de oro líquido y con los precios de hojalata a los que se paga se me pone mal cuerpo, me produce un gran malestar y me entra una gran desazón. ¡Qué queréis que os diga! Me pongo de mala leche, me encabrono y me enervo de una manera que no lo puedo evitar ni soportar. Y es entonces cuando llego a la conclusión que el sector oleícola en la provincia de Jaén tiene poca solución y pinta bien poco a la hora de partir el bacalao en el mercado nacional e internacional por muy principal productora mundial que sea. Entre los que no enteran, los que no se quieren enterar y los que enteran demasiado, colijo que tenemos lo que nos merecemos y demasiado bien va este sector que apasiona y enamora a partes iguales a enfados y desamores. Y ante este súperalimento que no sabemos comercializar con valor siempre buscamos un muñeco al que disparar cada campaña, un pelele, un monigote; en fin, una coartada, diciendo a veces medias verdades o simplemente mentiras, lisa y llanamente. Qué si Túnez, que si las importaciones, que si los aranceles, que si el calor, la sequía, que si el estrés hídrico, que si las plagas, que si la geopolítica, que si la especulación, que si el producto reclamo y la madre que parió a Panete, que por cierto no sé quién era ni de dónde viene esta expresión popular. El caso es que este sector desestructurado, heterogéneo, desequilibrado, falto de liderazgos y de profesionales cualificados para la venta, la comercialización y los números no hace autocrítica ni por asomo. Un sector que está, en líneas generales, a verlas venir y aquí me las den todas. Seguimos instalados en el día de la marmota década tras década sin valorizar este alimento de gran valor nutricional y de excelentes propiedades saludables. Y los costes de producción subiendo y subiendo. Y eso es imperdonable para Jaén. No me explico cómo la provincia jiennense no ha hecho de esta situación un asunto de interés supergeneral, de Estado incluso, y ha puesto pie en pared y no hace 'casus belli'. Con decir que tenemos los mejores aceites, que si ganamos tantos premios, la mejor calidad, las almazaras más rutilantes, el regadío más moderno y la mayor producción, con la venta a granel a tope, estamos contentos y satisfechos. ¿Cuándo entenderemos que esto es un negocio que hay que gestionar con criterios eminentemente empresariales y comerciales? Y que los premios, los galardones, las guías y los concursos, así como la mejora de la calidad y todo lo que ello lleva consigo, son sólo un medio, una mera herramienta para incrementar la cuenta de resultados y las rentas de los olivareros. Y no para mirarnos tanto el ombligo. Ese es el fin. Por consiguiente, el Andaluces de Jaén del insigne Miguel Hernández tiene más vigencia que nunca noventa años después. Ese Aceituneros cobra sentido y conviene releerlo todos los días y tenerlo grabado a fuego: 'Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares'. Pues así seguimos, produciendo un excelente alimento, al que no le damos el valor y el prestigio que honestamente se merece. Un día tras otro. Y vuelta la burra al trigo, perdón al olivo. *Asensio López, director de Oleum Xauen
Oro verde a precio de hojalata (*opinión de Asensio López)
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