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Pino Suárez 2

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José María Pino Suárez es, con toda justicia, considerado un héroe; su nombre pasó a la historia asociado al de Francisco I. Madero, ambos asesinados por órdenes de Victoriano Huerta, conocido como El Chacal, siendo el primero presidente y el segundo vicepresidente. Menciono a Pino Suárez porque precisamente hoy, lunes 7 de septiembre, se lleva a cabo, en la sede de la Suprema Corte, avenida Pino Suárez número 2, una importante reunión con el tema 'Un año de justicia real y verdadera'. La celebración no es una de tantas; es, en efecto, el primer aniversario del inicio del último cambio que faltaba para consolidar la nueva organización que complementa lo iniciado. Ambos personajes fueron reconocidos con toda justicia por haber iniciado y participado en el movimiento que puso fin a la prolongada dictadura de Porfirio Díaz, lo que parecía imposible. Ambos fueron honrados al poner sus nombres a sendas avenidas que desembocan en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, conocida como Zócalo; la avenida Pino Suárez parte de la esquina sur-oriente del Zócalo y corre de norte a sur para desembocar en otra que se llama San Antonio Abad; la avenida Madero parte del eje central Lázaro Cárdenas, de poniente a oriente, y desemboca en la misma plaza, que todos aceptamos y conocemos como el corazón de la ciudad y lo es también de la nación mexicana. Todo esto viene a cuento, porque precisamente hoy y en Pino Suárez 2, sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se celebra, como ya lo dije, un importante evento que tiene como finalidad recalcar 'una nueva forma de entender y hacer justicia'. Se trata, desde mi punto de vista, de la culminación de la transformación iniciada por el movimiento encabezado por AMLO, que fue conocido como 'gobierno legítimo' y que fue el principio de un cambio de régimen, que al igual que la dictadura de Díaz, parecía imposible de superar. El PRI llevaba, para entonces, más de siete décadas en el poder, desde que nació en 1929. Es importante recalcar que las tres transformaciones anteriores fueron logradas a través de cruentas guerras interiores entre mexicanos; la Independencia se logró más de 10 años después del levantamiento de Miguel Hidalgo y requirió de un arreglo pacífico: los Tratados de Córdoba. La reforma del siglo XIX, que separó al Estado de la Iglesia, tuvo como causa la Constitución de 1857 y provocó la Guerra de Tres Años, la Intervención Francesa y prolongados enfrentamientos armados entre el bando de liberales y el de los conservadores. La Revolución Mexicana se inició con un libro de Francisco I. Madero, La sucesión presidencial, y provocó casi 30 años de combates sangrientos en todo el país; los revolucionarios tuvieron que vencer primero al régimen de Díaz, lo que no fue tan difícil, pero luego a la dictadura de Victoriano Huerta y, lamentablemente, pugnas a veces injustificadas entre los mismos revolucionarios. Como se ve, nada fue fácil: corrió la sangre y hubo luchas entre hermanos; pero todo eso quedó atrás: nos independizamos, se separó a la Iglesia del Estado y se derrocó a las dictaduras de Díaz y de Huerta. Durante todo el siglo XX, el pueblo de México aprendió primero que la violencia es muy costosa por la destrucción de bienes y la pérdida de vidas humanas, pero así fue la historia; ahora, lo notable de esta Cuarta Transformación es que el cambio se logró por la vía democrática, en las urnas, con una mayoría de votos indiscutible, pero también a partir de movilizaciones en todo el país. Recordemos el plantón del Zócalo, de avenida Juárez y Paseo de la Reforma en 2006, que exigió sacrificios de muchas personas, despertó un interés nuevo y finalmente dio resultados sin violencia. Pero todo esto quedó atrás, se derrotó el viejo sistema sin disparar un tiro y por la vía democrática, combinando las grandes manifestaciones pacíficas y convenciendo al pueblo de que a él le corresponde el poder y que debe ejercerlo en las urnas y con el arma del voto. Por este nuevo camino fue posible transformar inicialmente a los poderes Legislativo y Ejecutivo; se eligieron con el voto popular, al fin respetado, al presidente, a los diputados y a los senadores. El Poder Judicial, que tiene dos características que lo distinguen de los otros dos: para ser integrado con los cargos de juez, magistrado o ministro se exige un título profesional de abogado o de licenciado en derecho, lo que no sucede para los cargos de los otros poderes; y otra diferencia: el Poder Judicial es el único en el que ejercen la representación de la soberanía popular un número indeterminado de funcionarios. El Ejecutivo es uno solo y las cámaras de Diputados y de Senadores tienen un número determinado, 500 diputados y 128 senadores. El presidente es sólo uno, pero ¿quién sabe cuántos jueces y magistrados hay en la República? Su número va en aumento conforme crece la población y, por tanto, los conflictos, por lo que se requieren tribunales para resolverlos. De ahí la importancia de lo que hoy mismo se informa en Pino Suárez 2. [email protected]
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