Como un mensaje milenario, quedó a la vista el pons neronianus. Los restos del puente que en el primer siglo de la era cristiana hizo construir Nerón para unir el Campo de Marte con la zona donde hoy se encuentra el Vaticano, llevaban siglos bajo las aguas del Tíber, hoy reducido a un escuálido arroyo que atraviesa Roma.
En el Danubio y el Rin asoman esqueletos de embarcaciones hundidas durante las dos guerras mundiales. Los ríos languidecen y las centrales nucleares quedan al borde del cierre por falta de agua para la moderación de neutrones y la refrigeración del reactor, mientras el fuego arrasa buena parte de Europa como nunca antes ocurrió.
Pocos meses después de esos causes hoy languidecientes provocaran catastróficas inundaciones y las postales mostraran gente subida a los techos y autos flotando como corchos en calles convertidas en ríos, la peor sequía alimenta los mayores incendios en territorios donde las temperaturas nunca fueron tan altas como en este infernal verano europeo. Por la mezcla de calor y sequía, arden bosques en países poco acostumbrados a tener incendios forestales, como Inglaterra y Bélgica.
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